18 de abril de 2011

Voluntad de vivir

(Schopenhauer)

Para Schopenhauer, el verdadero núcleo del hombre no lo constituye la razón, sino el querer inconsciente de la voluntad. La voluntad “en sí” lo es todo. El amor carnal es el emblema por excelencia de la voluntad. Si la desilusión acompaña al deseo satisfecho, es porque el deseo, lejos de tender a un objeto como a su fin propio, constituye en realidad su único y propio fin. El querer nada quiere, salvo a sí mismo, y utiliza todos los pretextos a su alcance para engendrarse una y otra vez en un esfuerzo de creación infinita. La vida se desliza inconsciente y distraída cuando nada se opone a la voluntad. Si la atención se despierta, es que se han puesto trabas a la voluntad y se ha producido algún choque. Todo lo que se alza frente a nuestra voluntad, todo lo que se le resiste, lo sentimos enseguida con suma claridad. Todo lo que apetecemos coger se nos resiste; todo tiene una voluntad hostil que es preciso vencer.  

El hombre no es más que voluntad y el placer no es sino la satisfacción efímera de dicha consecuencia. De manera que sólo el dolor se siente, puesto que el placer es la mera ausencia de dolor. La vida no sólo es dolorosa, sino absurda. Ninguna razón, llámese a ésta, Absoluta o Dios, planea sobre el mundo; tan sólo, la ciega voluntad de vivir. La vida del hombre es un perpetuo combate no sólo contra los males en abstracto, sino contra los demás hombres. La miseria que llena este mundo, protesta a gritos contra la hipótesis de una obra perfecta, debida a un ser infinitamente sabio, bueno y poderoso. El hombre que hace suyo el sufrimiento del mundo entero; el hombre que hace suyo Los Dolores del Mundo, siente horror ante el ser del cual es expresión; ante la ciega voluntad de vivir que todo lo arrastra.

  • Arreglado desde: Dolores Castrillo Mirat / Prólogo a Schopenhauer / El amor, las mujeres y la muerte (y otros ensayos)