25 de mayo de 2011

No se nace mujer; se llega a serlo

(Beauvoir)

"No se nace mujer; llega una a serlo. Es la civilización machista en su conjunto quien elabora el “producto femenino”. Hasta los doce años la niña es tan robusta como sus hermanos, manifiesta las mismas capacidades intelectuales, y no hay dominio alguno en el cual le esté prohibido rivalizar con ellos. En la mujer hay desde el principio, un conflicto entre su existencia autónoma y su “ser-otro”; le han enseñado que para agradar, hay que intentar gustar y hacerse objeto, por lo cual tiene que renunciar a su autonomía. Así las mujeres, cuando se les confía una niña, se dedican a transformarla en mujer parecida a ellas. Hasta una madre generosa, que busca sinceramente el bien de su hija, pensará casi siempre, que es más prudente hacer de ella una “verdadera mujer”. Les inician en libros y juegos, cocina, costura, cuidados y peinados. Para ser graciosa tendrá que reprimir sus movimientos; “tente erguida y no camines como un pato”. La comprometen a convertirse en sirvienta e ídolo, pero la niña es ser humano antes de llegar a ser mujer, y ya comprende que aceptarse como mujer, es renunciar a sí misma y mutilarse.

Por lo general la joven consiente en su feminidad. Su cuerpo se le presenta como dotado de virtudes mágicas que hacen efecto en el hombre; es un tesoro y un arma, y está orgullosa de él. La trascendencia erótica consiste en hacerse presa; se transforma en un objeto y se capta como objeto; descubre con sorpresa ese nuevo aspecto de su ser. Al hacerse objeto se transforma en ídolo, pero rechaza la implacable dialéctica que le inflige volver a lo inesencial. El hombre le resulta deslumbrante pero lo teme. Ella desea ser un tesoro fascinante y no una cosa que se toma. Le gusta aparecer como un fetiche maravilloso, y no representarse sólo como carne. La mirada de los machos la halaga y hiere a la vez, pero sólo quisiera ser vista en la medida en que se muestra, pues los ojos son siempre demasiado taladrantes. El deseo masculino es tanto una ofensa como un homenaje; se divierte en provocar, pero si advierte que ha suscitado demasiado deseo retrocede disgustada. Sus victorias le encantan, al tiempo que busca alejarse de los que la codician".

  • El Segundo Sexo. Simone de Beauvoir