20 de junio de 2011

Experiencia y Vivencia

"Experiencia" no es "Vivencia". La experiencia ha de ser “pública” y “repetida”. Newton puede demostrar la ley de la gravedad con su manzana ante un notario y repetir la experiencia al día siguiente. La vivencia por el contrario es subjetiva, íntima, privadísima, incluso para aquellos que la proclaman tan “empíricamente” que no cabe discusión. (La vivencia es subjetiva; nunca puede ser empírica). El avistamiento de un objeto extraño o una aparición sobrenatural precisaría de publicidad reconocida y testigos imparciales, salvo para aquellos que “desean creerlo”. Quien “siente”, evidencia su argumentario.

Para quien legitima la vivencia, la propia “confusión”  es su esencia. Un triángulo rectángulo o un libro son conceptos diáfanos, evidencias demostrables, pero el “espiritualismo” es un concepto difuso, oscuro, subjetivo, no claro; en realidad es un “embrión de concepto” que ha de pensarse, probarse, autoconvencerse constantemente, precisamente porque no se puede demostrar. El componente ideológico que define a la vivencia es “su propia confusión”; único elemento capaz de alimentarlo: “en mi intimidad he sentido”; "a mí se me ha aparecido". Dicho “concepto abstracto” pervive exclusivamente gracias a la voluntad individual de quien lo proclama.