27 de julio de 2011

Anders Breivik

El mal y el bien existen gracias a un Dios poco previsor, o cuando menos "no tan bondadoso". 2000 años de teología no han podido aún dar una respuesta convincente. Santo Tomás tuvo que acabar hablando de vías y no de pruebas: no se trata ya del intelecto que busca la fe, sino de la fe que busca el intelecto. No resulta extraño que Santo Tomás matizara. ¿Cómo conceder el libre arbitrio a una creación fallida? Un Dios sumamente bueno no puede tolerar el mal y un Dios absolutamente creador no puede tolerar que una causa segunda sea libre y autónoma. Es muy probable que en las iglesias de Oslo se ruegue estos días con un recurrente y encarecido “Líbranos del mal Señor”. Quién sabe si es la misma frase que repite Anders Breivik cada noche al acostarse. Todos tienen razón cuando se dirigen a Dios.

La diferencia entre un fundamentalista (islámico) y otro (cristiano) está en que mientras al primero lo llamamos por su nombre, al segundo lo calificamos de muchas maneras: ultraderechista, islamófobo, trastornado, templario... La fe nos garantiza nuestro "Yo" más puro e inmaculado; nos despoja de nuestras miserias y pecados. Si para una mayoría judeocristiana en lo sociológico, se supone que Dios es lo mejor de cada uno de nosotros, la denominación “fundamentalista cristiano”, o “terrorista cristiano” se convierte en un término incómodo, indigerible, incompatible con la lógica que debe presidir nuestra más pura e intima bondad.  Se hace preciso por tanto difuminar el término. Unos se aferran a su carnet de masón, otros a su militancia fascista, los más simplemente lo invalidan por loco. A nadie le interesa apelar a la ira de Dios.

Pero Breivik es perfectamente consciente de sus actos; de loco tiene lo justo, y no es sólo un neofascista; es también un humilde siervo del Señor. Un cruzado entregado a la verdad, a la pulcritud, a los sagrados valores que encarnan nuestra civilización frente a los infieles sin asear (también creación del Señor) que vienen a despojarnos de cuanto somos. Su estudio “2083” concluye con la proclamación de una nueva Europa libre de islamismos. Para ello, qué mejor que empezar por los noruegos cómplices; los rubios hijos de sus compatriotas, responsables de haber elegido un nuevo gobierno marxista: jovenes laboristas, relativistas, decadentes sin fe que son la perdición de Noruega. Gracias a su uniforme policial logra reunir a los asistentes para comunicarles un grave suceso. “Todos vosotros vais a morir, hijos del diablo”. Ni siquiera se muestra exaltado durante el holocausto. Serenamente mata y remata una por una a sus victimas, ante el pavor de todas ellas. ¿Irá Breivik al cielo? Él desde luego no tiene duda alguna. Sabe que se encuentra entre los justos y que los infieles son los demás.