8 de julio de 2011

La Falange

Para entender el falangismo es necesario partir de una soberanía espiritual de referencia y un orden económico que no se discute. José Antonio insistía en posicionarse más cerca de los socialistas que de los conservadores. Denunciaba que la República no nacionalizara la Banca, los ferrocarriles, o no emprendiera una reforma agraria con mayor determinación. Discrepaba sin embargo en la doctrina marxista de la lucha de clases que le resultaba "corrosiva y disolvente". La solución que él presenta es una “armonía de clases y profesiones en un destino común”. 

La Falange representa la versión fascista a la española desde su irrenunciable carácter confesional. El fascismo es la réplica de las clases de orden a situaciones convulsas. Parte de la clase media, sociológicamente conservadora, cansada de una permanente situación de conflicto, termina por refugiarse en la solución extrema que le otorgue seguridad. Durante la República, mientras existe la posibilidad de que Gil Robles ocupe el poder, la España conservadora da la espalda a los falangistas. Es la negativa a aceptar la victoria en las urnas del Frente Popular lo que da a éstos toda su razón de ser.

“Si partimos de una unidad de destino, los errores se eliminan por sí solos y vemos entonces que la patria no es un territorio, ni una raza, sino un norte universal”.

El "destino" del que habla José Antonio es la referencia cultural de un imperio desde la especificidad espiritual. Sólo las naciones llamadas por misión divina, son las escogidas para extender su cultura, educando, elevando y perfeccionando al hombre. El “todos los errores se eliminan por sí solos”, conjuga el proceso de selección natural que tanto esgrime el exitoso régimen alemán de Hitler, junto al idealismo filosófico que busca rubricar su visión de la realidad, en tanto única admisible. José Antonio ensalza el libre arbitrio divino; un orden natural también en lo económico [no discutible en sus postulados; es decir, natural, estamental o antimarxista] otorgado por el creador, único soberano llamado a legislar en sociedad sin intervención del hombre.

Si bien la acción social corporativa de José Antonio, puede llegar a esgrimirse como populista o de izquierdas, nada hay más lejos de la realidad. No hay exégesis marxista o filosófica alguna. Toda praxis se ve ceñida por unos principios rectores superiores o mas elevados. Banca, ferrocarriles o reformas pueden parecer susceptibles de planificación, pero siempre dentro de un orden natural otorgado e indiscutible. Se trata del brazo corporativo del Estado fascista, llamado a ejercer su necesaria vertiente social desde un escenario de seguridad. A partir de ahí, la consecución de dicho norte universal, puede precisar cualquier cota de salvajismo. La violencia es necesaria para salvar al hombre de la lucha de clases y más aún, de las agresiones contra Dios, [contra el orden natural, -económico y confesional-, "brindado por Dios"].

Se trata en definitiva de una impostura, una experiencia social católica desde la legitimación del capital, un irreal concepto de izquierda en aras al único interés en juego: la unidad de destino -católico- [orden, principios constituyentes no sujetos a revisión, Estado corporativo y ausencia de todo relativismo]. Su sustento es el revestimiento sociológico de una grandeza artificial que sustituye a la sospechosa pasión por construir. La sociedad no necesita avanzar pues descansa en el dogma; por la fe y por la Patria.