11 de septiembre de 2011

La Diada

Hasta dos veces llegó a tomar Madrid el archiduque. La calamitosa estrategia austracista tampoco ayudó y menos aún, las desmesuradas exigencias de capitulación aliadas, que provocaron la no rendición de una Francia que deseó siempre hacerlo. Todo se ha perdido, pero la guerra sin embargo continúa en Cataluña. Al haber sido laminados Aragón y Valencia, el pueblo catalán se ve ahora como único exponente contra al absolutismo francés que ya se ha impuesto en el resto de la península. La mujer de Carlos, Isabel Cristina, abandona finalmente Barcelona en 1713. Cataluña defiende su secular pactismo histórico, condición para poder reinar. La decisión desafía a la razón y sitúa al pueblo en una vía suicida. La capital lleva 9 meses sufriendo un bloqueo marítimo que logra en ocasiones eludir. Se forma la denominada Junta de Brazos, con el fin de resistir a los 40.000 hombres y 150 cañones que sitían la ciudad. Dos largos meses dura el asedio a sus murallas. Pese a la heroica resistencia, el 11 de septiembre de 1714 las tropas del duque de Berwich logran el asalto a la última plaza peninsular contra el absolutismo. La Diada conmemora la resistencia de la Ciutat y rinde tributo a sus caídos.

“Se hace saber a todos, que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de someterse a una entera esclavitud, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés” . (Último llamamiento a las armas, 11 de septiembre de 1714).

A finales del XIX, la deriva republicana y liberal, que es ya un hecho en el panorama político nacional con singularidades como las de Prim, Estanislao Fiqueras o Pi i Margall evidencia una nueva realidad. Cataluña tuvo que capitular con el advenimiento Borbón al trono y contemplar la desaparición de su pactismo, su soberanía y sus instituciones. Con la llegada del liberalismo y el nuevo marco constitucional que se impone al rey, el pueblo catalán siente por fin consumada una mínima revancha sobre el absolutismo borbónico. Quién sabe si el constitucionalismo liberal, podrá rescatar en cierto modo, los derechos de los seculares Consejos que pactaban con el rey antes de decretar la Nueva Planta, y generar una adhesión posibilista, no provocada por la defensa del feudalismo foral.




Es cierto que la reivindicación carlista catalana (al igual que en el resto de España), es la batalla de una oligarquía y unas elites, nostálgicas del absolutismo y  sus privilegios feudales, frente al nuevo Estado-nación del liberalismo, pero existe una diferencia esencial: en el País Vasco la reconversión carlista derivará hacia el integrismo católico de Sabino Arana, un teócrata partidario del Antiguo Régimen que crea él solo, la sagrada identidad (absolutista y teocrática) de Euskadi, frente al nuevo liberalismo (hereje, ateo o masón) emergente en la península. Cataluña en cambio, asimilará en mayor medida el liberalismo frente a la vieja realidad absolutista. Si Arana reclama una Bizkaia, que a partir de ahora debe buscar separarse, para asegurar su pervivencia "bajo mandato de Dios" (puesto que Dios según Arana, ha sido derrotado en España)la identidad histórica de Cataluña (el pueblo más ilustrado de la península), se acomodará también, al margen de La Lliga, reivindicando el liberalismo, el federalismo y el constitucionalismo, frente a la España tradicionalista que (al igual que Arana) recela de la Cataluña relativista y liberal.

Al cabo de más de dos siglos, el significado de la derrota austracista de 1714 no pasa desapercibida para Manuel Azaña: “El último estado peninsular procedente de la antigua monarquía católica, que sucumbió al peso de la corona despótica y absolutista fue Cataluña; y el defensor de las libertades catalanas pudo decir, con razón, que él era el último defensor de las libertades españolas”. Azaña no deja de evocar, como hicieran los austracistas, a los revolucionarios comuneros y a la doble interpretación que puede suscitar su alzamiento: “o bien se admira en ella el último destello de un conflicto político medieval, o bien se advierte en ella, y se admira más, la primera percepción de un concepto de las libertades del Estado moderno, que nosotros hemos venido ahora a realizar.”

(*) Guerra y citas de Azaña desde: La Guerra de Sucesión de España. Joaquím Albareda Salvadó