2 de septiembre de 2011

El Anticristo

"Sólo creeré en un Dios que sepa bailar".
Friedrich Nietzsche.

Hay pocas obras filosóficas que susciten tanto impacto a nivel popular como El Anticristo de Nietzsche. En esta ocasión, la accesibilidad y comprensión de su obra es máxima.  Nietzsche se muestra devastador contra quienes considera, adulteran la razón, mientras desprecia y zarandea al idealismo. Acusa al cristianismo como institución y sus principios, para machacarlos sin piedad. Lo mismo hace con quienes se autoproclaman intermediarios de Dios, los sacerdotes.  La angustia se muestra como sentimiento del conflicto absoluto e insondable, por el que el existente se halla triturado, pero Nietzsche no admite la debilidad intrínseca del hombre, generada por la dificultad de afrontar el dolor y la muerte. Nietzsche maldice la inferioridad del idealismo escapista, que niega la realidad existente, para cobijarse en la esperanza de otra vida más allá. (1)

"En el cristianismo, la moral y la religión no mantienen contacto alguno con la realidad. Todo son causas imaginarias: Dios, alma, yo, espíritu, voluntad, pecado, gracia, castigo, perdón... Desde que se inventa el concepto de “naturaleza” en oposición al concepto “Dios”, lo natural, se hace sinónimo de reprobable. Todo ese mundo de ficciones se basa en el odio a lo natural, a la realidad, constituye la expresión de una profunda aversión a lo real. ¿Quién desea evadirse del mundo mediante una mentira? Aquel a quien la realidad le produce un sufrimiento. Tal supremacía constituye la medida exacta de la decadencia. ¿Cómo se puede ser cristiano mientras la fecundación humana esté cristianizada, esto es, manchada por la idea de que María no concibió por obra de varón? "Fe" equivale a no querer saber la verdad. El pietista es falso porque está enfermo. El cristiano necesita la enfermedad, al igual que los griegos necesitan la salud pletórica. ¿Acaso no es la propia Iglesia el ideal último de un manicomio a escala mundial, para convertir la Tierra entera en una casa de locos? El hombre de fe, el creyente, de cualquier tipo, es, forzosamente, un hombre dependiente, alguien que no puede considerarse como un fin en sí mismo. El creyente no se pertenece, no puede ser más que un medio, ha de ser consumido; necesita que alguien le consuma. Su instinto le hace situar en un lugar de honor una moral basada en salirse fuera de sí mismo."

(1) Crítica a Nietzsche, desde el estudio preliminar de Enrique López Castellón. 
El Anticristo / Edimat Libros.
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