22 de septiembre de 2011

Protestantes

A comienzos del XVI, los cristianos que protestan contra los abusos y arbitrariedades de la Iglesia Católica, reciben el nombre de protestantes. Hasta entonces la Iglesia, con sede en Roma, mantiene el monopolio global del cristianismo en latín, cuando la mayoría de los pueblos ni siquiera sabe leer en su propio idioma. En 1522, Lutero decide traducir por vez primera la Biblia a su lengua vulgar [alemán en este caso]. A la vez apela a la regeneración de la fe y denuncia los vicios de la institución: las indulgencias llenaban las arcas de la Iglesia, las penitencias eran falsas, impera la corrupción. El catolicismo se ha convertido en sinónimo de malas artes. El cisma va a provocar que los protestantes se emancipen de la autoridad de Roma.

Los nuevos credos reflejan un “cristianismo más nuestro y honesto”. Pero la reforma hereje no sólo reivindica una visión más honrada de la fe; el nuevo nacionalismo religioso sirve para cuestionar al propio imperio Habsburgo.  La reforma [protestante] busca emanciparse de la dinastía austriaca, que cohesiona su imperio en torno a la fe católica. El imperio contempla ahora cómo sus territorios se emancipan de su autoridad, permaneciendo sin embargo en el cristianismo. Para los príncipes alemanes, -igual que para Enrique VIII en Inglaterra-, la reforma significa poder oponerse a los proyectos centralizadores que no tengan en cuenta sus intereses.

Imprenta y religión

Hasta ahora, las misas sólo se ofician en latín. En otras palabras, "la voluntad de Dios se  transmite y administra" sólo por quien conoce dicho idioma. Lutero es el primero en redactar una Biblia en alemán y para los alemanes. Lutero, que es condenado a muerte por el Papa, desaparecerá al galope secuestrado por la escolta personal de su buen amigo Federico III, que lo mantendrá escondido en su castillo un año, mientras Lutero culmina su traducción. 

Con la imprenta, los notables del país comienzan a tener acceso "a aquello que Dios opina", perdiendo Roma la exclusividad. Nuevas clases sociales aprenden a leer en su idioma y acceden a las sagradas escrituras. Anglicanos, calvinistas, luteranos, puritanos... Por toda Europa nacen versiones autóctonas del cristianismo; todo un nuevo reparto del poder. En España los pocos reformistas que surgen son aniquilados al instante por la Iglesia y la península quedará huérfana de la reforma. Mientras en toda Europa se aprende a leer y se regenera la razón religiosa, la península permanecerá sometida al inmobilismo y el poder absoluto de Roma.


Ciertas pautas del protestantismo: 

Sólo el nuevo y antiguo testamento y la palabra de Cristo, son válidos. El Papa, las encíclicas, los cónclaves y demás doctrinas del hombre, no son "palabra de Dios". Las opiniones temporales de un Papa, resultan irrelevantes. No es el arrepentimiento o una presumible penitencia lo que garantiza el cielo ni la redención, sino obrar en conciencia a la hora de comportarse. No se es justo por "las obras", sino "por la fe verdadera". De nada vale comprar indulgencias o decirse buen cristiano si no se demuestra con hechos. Confesarse es una impostura. ¿Quién es el sacerdote para perdonar a nadie en nombre de Dios?  Ni el cielo ni el perdón pueden garantizarse por ningún hombre;  se han de ganar. Sólo la fe nos salvará.