8 de noviembre de 2011

Consagración

(Nietzsche)

"Mientras el Estado, o más claramente, el gobierno se sienta tutor de una masa de menores, lo más probable es que se decida siempre por el mantenimiento de la religión. Pues la religión apacienta la conciencia individual en los tiempos de perdición, de penuria, de terror, de desconfianza, y por consiguiente, allí donde el gobierno se siente incapaz para hacer directamente cualquier cosa para suavizar los sufrimientos y quebrantos del individuo, la religión asegura una actitud tranquila, expectante y confiada de la masa. Siempre que las carencias del gobierno se hacen sentir al hombre inteligente y le disponen a la rebelión, los no inteligentes creerán ver el dedo de Dios y se someterán con paciencia a las disposiciones de lo alto (concepción en la que se confunden las maneras de gobernar divinas y humanas). De este modo se encuentran garantizadas la paz civil interior y la continuidad de la evolución.

El poder que reside en la unidad del sentimiento popular, en las opiniones y fines iguales para todos, está protegido y sellado por la religión, fuera de los casos donde el clero no esté de acuerdo en el precio y entre en pugna con la fuerza gubernamental.  Por lo común, el estado sabe atraerse a los sacerdotes, porque tiene necesidad de la educación de las almas, y porque sabe apreciar a servidores que aparente y exteriormente representan un interés muy distinto. Sin la ayuda de los sacerdotes, ningún poder puede llegar a ser legítimo. Por tanto gobierno absoluto tutelar y mantenimiento vigilante de la religión van necesariamente de la mano.

Las clases dirigentes están instruidas acerca de la utilidad que les asegura la religión. El interés del gobierno tutelar y el interés de la religión van cogidos de la mano, de suerte que si ésta empieza a perecer, el fundamento del estado también se quebrantará. La creencia en un orden divino de las cosas políticas, en un misterio de la existencia del Estado, es de origen religiosa. Si la religión desaparece, el Estado perderá inevitablemente, su antiguo velo de Isis y ya no difundirá respeto".

  • Nietzsche. "Humano, demasiado humano".