7 de marzo de 2012

De Fukuyama a Stiglitz

Francis Fukuyama escribe en 1989 uno de los libritos sociopolíticos más celebérrimos de los últimos 30 años, "El fin de la Historia”. Fukuyama es un sociólogo norteamericano de origen japonés formado como cachorro de Friedman en Chicago. Debidamente pregonada su obra por los muchachos del Pentágono, en pocas semanas no había un intelectual en el orbe que no hablara de ella. Con la caída del comunismo, el nipón neocón anunciaba el final de las ideologías, la culminación del discurrir político del hombre.

El derrumbe del comunismo garantizó un pase Vip hacia un capitalismo sin disfraz. Un socialdemócrata como Clinton fue el primero en dar vía verde a un proceso de  liberalización financiera global pornográfico, como postre al agresivo marco neoliberal edificado una década antes por las administraciones Reagan y Thatcher. Paradójicamente, el fenómeno de las dictaduras comunistas (como factor histórico objetivo) resultó más beneficioso para las sociedades capitalistas, que para sus propios actores: tras la Revolución rusa y la propagación de las revoluciones obreras por Europa, el triunfo de la URSS sobre Hitler hizo comprender al Capital la necesidad de un cierto consentimiento. Se universalizarán así los derechos sociales y laborales que definirán el nuevo Bienestar continental: Salud y educación universales, pensiones, vacaciones, subsidios, convenios colectivos y sindicatos. No hubo más remedio que ceder.

En EEUU, la amenaza de las revoluciones obreras europeas fue tamizada por el océano atlántico y los propósitos de Estado de Roosevelt (que envueltos en una causa común de país, más que como lucha de clases) provocan que la acentuación social americana no logre equipararse a las valiosas conquistas continentales. Sanidad universal, unas relaciones laborales a la Europea, o pensiones del régimen general, no fueron nunca contempladas allí. Pero la debacle comunista se confirma y el Muro cae en Europa. Sin enemigo ni amenaza que desafíe al capitalismo, es el momento de eliminar todas aquellas concesiones con las que hubo que transigir. Se trata de la vuelta a la nada. Del regreso al feudalismo y al orden natural que nunca se debió perder. Se busca sencillamente estrangular toda la conquista de derechos adquirida por el hombre a sangre y fuego durante los últimos 200 años. En apenas 20 han recorrido la mitad del camino y ya van para bingo.

El premio Nobel Joseph Stiglitz escribió hace unos meses un artículo de marcada resonancia en Vanity Fair, "Del 1%, por el 1%, para el 1%". En él Stiglitz explica cómo el egoísmo inteligente empieza también por saber preservar el bien general. Si las elites son astutas, la manera de seguir garantizando su dominio y privilegios, es seguir haciendo "soportable" la vida del 99% restante. Por el contrario, el neoliberalismo parece haber instaurado como un siniestro Robin Hood, el derecho a robarle al pobre para dárselo al rico. Con todo, la indignación no deja de ser aún un estado de humor; la antesala previa a la desolación. En palabras de Stiglitz, el entendimiento por parte del 1% de que su destino está inevitablemente ligado al de cómo viva el 99% restante, es algo que desgraciadamente, han demostrado siempre comprender demasiado tarde.

Reedición El Fin de la Historia, publicado el 4.11.11. Revisado y actualizado