11 de noviembre de 2011

Va pensiero...

Hablar de Ópera en Italia es casi como hacerlo de fútbol en España. Los italianos conocen al dedillo, cuando menos una "obligada docena" de operas patrias imprescindibles. El pasado més de marzo se representaba en Roma, Nabucco de Verdi. Nabucco es una obra de un marcado cariz político: evoca la esclavitud de los judíos en Babilonia y su célebre "Va pensiero" simboliza  el canto de los esclavos oprimidos. En Italia, dicho tema representa la lucha por la libertad y la unificación del país, que durante el XIX (época de su composición) se mantenía aún bajo el yugo del absolutismo.  

Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde de Roma, subió al escenario para denunciar los recortes del gobierno (también en educación y cultura), que afectaban directamente a la Ópera, hasta ahora sagrada en Italia. Lo noticiable era que Alemanno hablaba siendo miembro del gobierno y ministro de Berlusconi, presente en la representación.

Cuando el coro llegaba a su fin, se empezó a demandar el "bis". El público empezó a proferir las célebres consignas patrióticas de "¡Viva V-E-R-D-I!" y "¡Larga vida a Italia!" mientras se arrojaban papeletas en contra de la degradación política del país. Ante la mirada de Berlusconi (a quien el realizador no se atreve a enfocar en ningún momento), Ricardo Muti optó por detener la representación y denunciar la situación de su país, recibiendo el aplauso del público. El contubernio judeo-masónico de las élites progres y bolqueviques se había consumado para mayor indiferencia de Il Cavaliere. Seís meses después, Italia se hunde mientras Europa se prepara para una fractura a dos.