21 de noviembre de 2011

Voluntad y Razón

"He oído contar de un pobre segador muerto en cama de hospital, que al ir el cura a ungirle en extremaunción las manos, se resistía a abrir la diestra con que apuñaba unas sucias monedas, sin percatarse de que muy pronto no sería suya su mano ni él de sí mismo. Y así cerramos, no ya la mano, sino el corazón, queriendo apuñar en él al mundo".

Dios, para la generalidad de los hombres, es el productor de la inmortalidad. Un día, hablando con un campesino, le propuse la hipótesis de que hubiese, en efecto, un Dios que rige cielo y tierra, Conciencia del Universo, pero que no por eso sea el alma de cada hombre inmortal en el sentido tradicional y concreto. Y me respondió: “Entonces, ¿para qué Dios?”. Quiere esto decir que tu esencia, la mía, la de Kant o Spinoza no es sino el esfuerzo que ponemos en seguir siendo hombres, en no morir. Tú, yo o Spinoza buscamos no morirnos. Éste es nuestro anhelo, nuestra esencia (...) Lo importante para aquel hombre es que Cristo hubiese muerto y resucitado; no lo que hizo en vida, su obra moral o sus milagros, sino su obra inmortalizadora.

Buscamos comprender de dónde venimos y adónde vamos, qué es y qué significa todo ello. Porque no quiero morir del todo y quiero saber si he de morirme o no definitivamente. Vivir es una cosa, y conocer, otra. Y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposición que podamos decir que todo lo vital es irracional, y todo lo racional es antivital. Y ésta es la base del sentimiento trágico de la vida. La solución al problema de la inmortalidad y salvación eterna del alma individual, satisface a la voluntad y, por tanto a la vida, pero al querer racionalizarla con la teología dogmática, no satisface a la razón. Creer, es querer creer; creer en Dios es ante todo, querer que exista, y creer en la inmortalidad del alma es creer que el alma sea inmortal. Es el furioso anhelo de dar finalidad al universo, de hacerle consciente y personal, lo que nos ha llevado a creer en Dios, a querer que haya Dios, a crear a Dios. Hemos creado a Dios para salvar al Universo de la nada y para salvar nuestra conciencia; no para pensar la existencia, sino para vivirla"

  • Miguel de Unamuno / El sentimiento trágico de la vida.