14 de enero de 2012

En manos del lobo

El Banco Central Europeo (BCE) presta dinero a un bajísimo interés a los bancos europeos, para que éstos (en lugar de suministrar crédito a empresas y familias), aprovechen su liquidez comprando deuda soberana (emisión de deuda de los países miembros) a un tipo de interés muchísimo mayor. Entre desahucio y desahucio, nuestros banqueros usureros reciben dinero del BCE al 1%, que dedican a prestarlo a nuestros gobiernos al 7%. La manera de compensar cada nuevo episodio del expolio global sigue siendo la misma una y otra vez: obligar a la población a recortar sus sueldos, sus pensiones, sus derechos adquiridos, su sistema de salud, su educación... Es la proclamación silente de un nuevo fascismo que no tiene previsto saciarse.

Pensar en actuar políticamente sobre un asunto tan flagrante como este; pensar en una tasa sobre las transacciones internacionales, en una reforma fiscal que busque gravar realmente las fuentes de las grandes fortunas de Capital, en instaurar impuestos a la Banca, en crear un Banco Público Nacional, en una política reguladora comprometida, en un Ministerio de Hacienda que se arrogue competencias sobre la CNMV, o en penalizar el delito en lugar de asegurar su impunidad, se ha convertido en una entelequia revolucionaria.