23 de febrero de 2014

23-F; el golpe cañí

La noche del 23 de febrero de 1981, el país asistirá a la peor versión posible de un supuesto golpe de timón, que sin embargo lleva tiempo siendo consensuado por todos los grupos políticos e instancias del Estado. Nunca existirá posibilidad efectiva de un Golpe al margen de los resortes del Estado. La necesidad de consolidar la democracia y la imagen del Rey ante la sociedad, creará el mito de su decisiva intervención.


"El propio Armada le había enviado al Rey una propuesta de Gobierno de concentración presidido por él mismo, donde figuraban personas de todos los partidos y todas las tendencias, al considerar todos ellos, lo difícil de la situación. Se creía así en (una operación política consensuada que posibilitase) conjugar las distintas ideas para salir adelante. Por esta razón, el vicepresidente del Gobierno propuesto era Felipe González. Ello no parecía tan malo, pero claro, justificar dicha operación política, con un asalto al Congreso por la fuerza y pegando tiros, no parece un buen inicio".
Sabino Fernández Campos (Doc. Monarquía o República / 2010)


Mucho se ha hablado respecto a las medias verdades del 23-F. Es cierto que tanto Armada como Milans, son dos fervientes defensores de la Corona y del Rey. 30 años después existe un amplio consenso sobre lo principal: una gran operación política de concentración liderada por el Rey -de dudosa constitucionalidad, pero aglutinando a todos los partidos-, que neutralizase el escenario de crisis de la transición. A comienzos de 1981, dicha opción gana enteros y aprovechando un viaje rutinario de Suárez, el Rey pide al entonces ministro de defensa Rodríguez Sahagún, el nombramiento de Alfonso Armada como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército. "No sabes lo que has hecho; eso supone un Golpe de Estado" le espeta Suárez, sabedor de que las maniobras de Armada gozan a priori, de todo respaldo.

La prevista moción de censura parlamentaria, debía suponer en teoría, el advenimiento de la operación Armada. Lo previsto de hecho, es que Miguel Herrero de Miñon, portavoz del partido en el gobierno y declarado enemigo de Suárez, posibilite una nueva moción de censura del PSOE.  El desgaste y el nuevo vacío de poder harían el resto. Pero Suárez decide preservar su gobierno democrático y presenta su dimisión. "Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia, sea una vez más, un paréntesis en la historia de España". Con la nueva investidura de Calvo Sotelo nada puede cambiar, y Suárez se reserva la posibilidad de renovar su candidatura en el futuro. Lo que debía ser una solución política de consenso se convierte así en más de lo mismo: la sustitución de Suárez por Calvo Sotelo.




Si la gran solución ahora fallida, era conocida y aceptada por todos los grupos, dicho gobierno de concentración sólo puede nacer ahora a través de un detonante: ¿De Gaulle?, ¿Pavía?... Todo se precipitará a la española. Se dice con humor, que la democracia española le debe mucho a Antonio Tejero. Lo cierto es que aplazada forzosamente la gran operación política de consenso, algunos no se resisten a sus tentaciones golpistas. Entre los conjurados se han contado sólo medias verdades... y abiertas mentiras. Armada ha hecho creer a Milans que el Rey apoyará ciegamente cualquier movimiento que hagan, por el mero hecho de alcanzar ese gobierno de concentración tan necesario. Milans por su parte, dará a entender a Tejero y a quienes se agrupan con él, que la operación conducirá, no a un gobierno de concentración, sino a un gobierno de ultraderecha con fuerte presencia militar. Con tales mimbres, la gestación del golpe nada tiene que envidiar a cualquier sainete de cine español de los años 70.

Pero aún hay más. Desde el momento en que el general Gutiérrez Mellado, abandona su escaño y decide encararse a los golpistas, el imperio de la ley comienza a imponerse al de las oscuras conjeturas. Tejero, un hombre que no destaca por su sutileza, y al que la operación le viene grande, busca imponer su autoridad con un calamitoso tiro al aire. El instinto primario de la tropa que lo acompaña, lo secunda de inmediato, ante los gestos de contención de un Tejero desbordado, sujetándose el tricornio y ordenando el alto el fuego. El mundo contemplará el esperpento, los tiros, los diputados por el suelo, el ruin y cobarde intento de zancadilla del golpista a Gutiérrez Mellado... La guinda extranjera la pondrá un corresponsal sueco, para quien las Cortes eran tomadas por  “un militar con sombrero de torero!”. El genial Berlanga no hubiera superado la chapuza patria. “Cómo me puedes decir eso Alfonso!, ¡Esto no es..., así no, así no!”  se oye al Rey decir a Armada, en las grabaciones de las llamadas realizadas desde el Congreso, que la Junta de Defensa revisa el día 24.

Denunciar que el Rey "estaba detrás" de lo que sucede aquella noche, resulta tan vago y confuso como afirmar que "nada sabía" respecto a las propuestas y objetivos que una y otra vez se barajaban para neutralizar el permanente escenario de crisis. La posibilidad de un golpe de Estado fuera del marco nunca existió. La necesidad de refrendar al Rey ante la sociedad creará el mito de su decisiva intervención, cuando en ningún momento la jefatura del Estado fue discutida. El Rey supo siempre de la trama, de la gran operación de consenso a lo "De Gaulle" -"a mí, dádmelo hecho" llegará a decir-, pero al mismo tiempo sólo podía apoyar una operación política que integrase a todos los partidos, si de ello, cabía interpretar algo positivo para la estabilidad del país. Involucrarse en una opción que no contemplara a todos suponía, no ya enterrar su discutida legitimidad, sino condenar a la dinastía. A partir de ahí, la supuesta comunión de los intereses golpistas, ni evidencia capacidad, ni garantiza consenso alguno.

Armada hará acto de presencia en el Congreso, mostrando a Tejero la supuesta propuesta de gobierno, pensada con motivo del guión inicial de salvación aceptado por todos, que nunca puede asimilarse con el esperpento realizado por Tejero esa noche. Sin haber pasado antes por Zarzuela, Armada "mantiene el guión" de la inicial operación de salvación. Tejero, siempre llamado a ser el chivo expiatorio, observará incrédulo una lista trufada de socialistas y comunistas que rasga por la mitad. En el juicio, disipará toda duda: "Yo no había arriesgado mi porvenir y el de mis hombres, para darle el poder al rojerío!".

La Solución Armada:

- Presidente: general Alfonso Armada
- Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE)
- Vicepresidente para Asuntos Económicos: J. M. López de Letona (Banca)
- Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática)
- Ministro de Defensa: Manuel Fraga Iribarne (Alianza Popular)
- Ministro de Justicia: Gregorio Peces-Barba (PSOE)
- Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD)
- Ministro del Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro
- Ministro de Obras Públicas: José Luis Álvarez (UCD)
- Ministro de Educación y Ciencia: Miguel Herrero de Miñón (UCD)
- Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE)
- Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD)
- Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (presidente de la CEOE)
- Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (empresario)
- Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE)
- Ministro de Transportes y Comunicaciones: Javier Solana (PSOE)
- Ministro de Autonomías y Regiones: general José Antonio Sáenz de Santamaría
- Ministro de Sanidad: Enrique Múgica Herzog (PSOE)
- Ministro de Información: Luis María Anson (presidente de la agencia Efe)


Bibliografía básica:
Hemeroteca
23-F, la verdad / Francisco Medina
23-F; el golpe caní. 21/02/12. Reedición

Relacionados: La Verdad