12 de febrero de 2012

El opio del pueblo

(Marx)

"El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre. Y la religión es, bien entendido, la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que aún no se ha ganado para sí mismo o que ya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es ningún ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de hombres, el Estado, la sociedad. Ese Estado y esa sociedad producen la religión, una conciencia invertida del mundo, porque Estado y sociedad son un mundo invertido.

La religión es la teoría general de ese mundo, su compendio enciclopédico, su lógica en forma popular, su point d’honneur espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su complemento solemne, su razón general de consolidación y justificación. Se trata de la fantástica realización de la esencia humana, porque la esencia humana carece de verdadera realidad. Enfrentarse a la religión, por lo tanto, es indirectamente un enfrentamiento a ese otro mundo que tiene su aroma espiritual en la religión.

La miseria religiosa es, por un lado, la expresión de la miseria real, y por otro, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo. La superación de la religión, en cuanto ilusoria dicha del pueblo, es la exigencia de su dicha real. La exigencia de abandonar las ilusiones acerca de un estado de cosas es lo mismo que exigir que se abandone un estado de cosas que necesita ilusiones. Así pues, la crítica de la religión es, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de una halo de santidad.

La crítica no arranca de las cadenas de flores imaginarias para que el hombre soporte las cadenas sin fantasía ni consuelo, sino para que se las sacuda y puedan brotar las flores vivas. La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a sí mismo y en torno a un Sol auténtico. La religión constituye un Sol ilusorio que gira en torno al hombre, mientras el hombre no gira en torno a sí mismo.

La misión de la historia consiste, por lo tanto, una vez desaparecido el más allá de la verdad, en averiguar el más acá. Y en primer término, la misión de la filosofía, que se halla al servicio de la historia, consiste, una vez que se ha desenmascarado la forma de santidad de la autoenajenación humana, en desenmascarar esa autoenajenación en sus formas no santas. De forma que la crítica del cielo llega a convertirse en crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho y la crítica de la teología en la crítica de la política".

  • Carlos Marx / Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.