1 de marzo de 2012

Apropiarse de Dios

Durante medio siglo los parámetros de Milton Friedman y su Escuela de Chicago fueron sacralizados en nombre de la libertad del Mercado. El objetivo, preservar los fundamentos ultraliberales de toda regulación, al punto de considerar al Estado un vestigio, un impedimento para su desarrollo real. Como revela Chomsky, la satanización de lo social definía una necesaria fisonomía estatal reducida a tres pilares: policía, hegemonía militar y predicamento de su cultura mediante el cine y los media. Paralelamente, el revisionismo del hecho religioso y su oleada creacionista, conformó la guarnición de un fundamentalismo neoliberal capaz de arrogarse en exclusiva, la única definición posible de los sacros valores americanos. “Dios bendice a América”, tras la célebre coletilla se instauró la nueva filosofía económica y en paralelo, [con el bagaje de una aparente laicidad oficial como coartada], su factor religioso como necesaria alternativa moral y legislativa, en base al nuevo Derecho Natural americano

A la población se le inculcó su condición culpable, sometida y sufriente. Condicionada la política a la fe, toda alternativa ideológica quedaba sometida a un estricto segundo plano: los verdaderos principios políticos están en el Evangelio: no hay más libertad, igualdad o dignidad humana que las que se desprenden de la Creación. Dios sabe impartir justicia y en prueba de su amor, las clases más desfavorecidas se benefician de la caridad, la limosna, los repartos de comida y la benevolencia. Si la desigualdad y la pobreza, son fenómenos queridos por Dios (creador de una sabia distribución en el mundo),  no puede existir alternativa política a la Verdad.

El mundo ya no depara leaders que busquen transformar la sociedad o mejorar sus condiciones de vida, sino followers que se entreguen a Dios cuando algo malo les ocurre. Al mismo tiempo, la fe se torna en el aval político de las élites, en el modo de identificación entre iguales. Quien exhibe su creencia en Dios como un programa político a desarrollar, no sólo no discute la verdad absoluta en la que habita y el orden de valores vigente; los ama y busca preservarlos.  Quien al contrario no evidencia un apostolado incondicional, se convierte en un elemento extraño, una anomalía que no pertenece al club, a la manera convenida de hacer negocios, al modo de interpretar la política y la realidad.

Desde el nuevo ideal, el papel de los impuestos es subsidiario (o cuando menos los impuestos a la clase dominante) porque el Estado (ceñido a las funciones antes mencionadas) ha perdido su razón de ser. Se trata de consumar el regreso a la jungla. Como recuerda Hitler en Mein Kamp, la naturaleza dicta la ley. Todo forma parte de una bella y natural cosmogonía. Al igual que el león devora a la gacela, el fuerte se impone al débil. De este modo, "corresponde sólo a Dios" definir la libertad y el mercado, proteger a las personas. Sin sanidad pública el enfermo reza. Sin educación, se entrega a sus miedos y supercherías sin riesgo de rebelión. Los ciudadanos se convierten en nuevos súbditos, responsables de su propia salvaguardia.

Occidente lleva soportando desde hace décadas una devastadora corriente en la sombra, (impuesta ahora en Europa) cuyo objetivo es reemplazar el principio Ciudadano, actor de la declaración de los Derechos del hombre y del Contrato Social o New Deal, por el de creyente de una ungida Libertad, como última instancia de orden, lejos de cualquier intervencionismo estatal que le atribuya en esencia su reconocimiento de derechos y deberes. Se trata de la eliminación del Estado, y en particular en nuestro continente, de la eliminación del Estado Social. Es la sanción del ultraliberalismo elevado a dogma; la proclamación de un libre mercado cuya legitimidad emana de Dios, por encima de cualquier coyuntura o legislatura demócrata

La nueva dictadura otorga los dogmas de fe financieros instaurados por el nuevo Mercado global. Si a ello sumamos una inhibición clientelar de los representantes de la voluntad popular y el papel de los grupos de presión, poco queda por decir  (1). Sustituida la justicia social por la compasión religiosa, el revestimiento de la fe se erige en necesario imperativo de un bien aparente, no real; en cierre categórico de lo decente, lejano a las necesidades de los pueblos. Dios se proclama como única credencial valida para "entenderse". Es la fe la que sanciona la única manera de entender la política. Recobrado el ius natural, los mercaderes del templo se erigen en apóstoles en busca de un nuevo tiempo, el neofeudalismo capital.

(1) Doc. Inside Job: 3.000 lobbies (5 por cada miembro del Congreso norteamericano) se gastaron entre 1998 (fecha de la proclamación de George W. Bush) y 2008 (fecha del estallido de la Crisis), más de 5.000 millones de dólares sólo en sobornos personales, persiguiendo instaurar legalmente el actual latrocinio mundial.