28 de marzo de 2012

¿El regreso de Marx?

No resulta extraño comprobar cómo el marxismo es asimilado, cuando no identificado, con la vertebración histórica del comunismo a lo largo del siglo XX. Tal percepción es errónea. El marxismo es por un lado una ciencia social, [materialismo histórico], en palabras de Calvez una "teoría del actuar", pero es además, una filosofía [materialismo dialéctico] y en ambos casos, su concepción dinámica lleva consigo distintas aplicaciones y su enriquecimiento hacia formas más evolucionadas. Al igual que la física, la biología o el psicoanálisis no son los mismo ahora que hace un siglo, la esencia del marxismo es su dialéctica. La ciencia marxista o materialismo histórico es refrendada en la práctica social del día a día: el capitalismo como paradigma de la injusticia o las grandes desigualdades sociales en las sociedades desarrolladas. Respecto al materialismo dialéctico, la superación de la filosofía tradicional, no se logra mediante lo que podemos denominar, la especulación filosófica [idealismo] como mera ciencia positiva, sino en la definición de una filosofía práctica, real, comprometida, [materialismo] que denuncie el carácter aparentemente neutral de las ideologías.

¿Qué se concluye de todo ello? Algo tan sencillo como que sólo desde el desconocimiento -o desde el interés-, se puede etiquetar el marxismo. Se puede ser marxista en cualquier país del mundo, pero naturalmente, la elaboración de un programa político marxista no puede ser idéntico por ejemplo en la China milenaria, feudal y esclavista, donde hace sesenta años arranca la Revolución; en la desarrollada y próspera Suecia, o en España. Nadie se atrevería a decir que el socialismo nórdico, con el mayor nivel de vida del planeta, a sido comunista y sin embargo sí ha sido definido, por todos los teóricos (marxistas y liberales) como objetivamente marxista. Olof Palme fue asesinado por marxista y por liderar con éxito, políticas marxistas en la democracia más rica y desarrollada del mundo. Salvador Allende murió por marxista, y sus políticas económicas (que EEUU se encarga de reventar antes de imponer a Pinochet), no tuvieron más remedio que diferir sensiblemente de las de la rica Suecia.

La interpretación y aplicación efectiva del método en cada realidad social, nada tendrá que ver. El marxismo en Cuba [que no puede entenderse sin un bloqueo comercial que ha perseguido estrangular a la isla durante medio siglo], debe juzgarse en contraposición con el nivel de vida de sus vecinos en Haiti o República Dominicana. El marxismo de la actual China, respecto a su antagónico liberal que arranca en igualdad de condiciones, La India. El socialismo nórdico y su resultado final: Suecia, Dinamarca o Noruega, sí resulta pertinente compararlo con su antagonista liberal, los EEUU. El marxismo viene así condicionado por la realidad y las condiciones de existencia concretas de cada país. Los medios para alcanzar progresivamente mayores cotas de libertad [ausencia de necesidad (económica)], no son los mismos en un país asolado por el hambre y la miseria, que en otro con abundancia de recursos económicos. En cualquier caso, la característica fundamental de un partido o una persona que se reclame marxista, es siempre la de intentar transformar la sociedad, buscando un mayor bienestar para la mayoría de sus ciudadanos.

Cuando la sociedad se alarma por el desmantelamiento de los servicios públicos, por la desigual redistribución de la riqueza o por las onerosas jubilaciones de entidades en quiebra; cuando la gente protesta por detalles menores como no poder darse de baja de un contrato de telefonía o por tener que llamar a una línea 902 para actualizar sus recibos; cuando clama por una nueva ley hipotecaria o contra los desahucios; cuando se demanda una Europa social, se denuncian paraísos fiscales, el blanqueo de capitales o la prescripción de los delitos, la sociedad no hace otra cosa que reclamar  [incluso sin saberlo] una interpretación marxista de la política, aunque el falso ideal que le ha sido inculcado [interiorizado a la dignidad del individuo], quizá no le permita nunca darse cuenta de ello. 

La creciente conciencia social respecto a la urgencia de una respuesta política en este sentido, conlleva una indiscutible vocación marxista cuya definición efectiva, está aún por determinar.