19 de junio de 2012

Suprema Injusticia

En una entrevista cedida por la Editorial Planeta, la hija de Baltasar Garzón esboza algunas de las cuestiones que trata en su libro donde pretende “compartir y dar luz a lo que ha vivido y lo que ha sufrido” ella y su familia durante los últimos y difíciles años del magistrado, hasta su salida de la Audiencia Nacional.

¿Qué pensó su padre cuando le comentó que quería escribir este libro?

Fue parecido a lo que pasó con la carta; le dije: «La voy a enviar» En este caso se lo consulté y me preguntó si era consciente de las consecuencias que podía tener, si había considerado que iba a perder cierta intimidad y los ataques que podía recibir. Y le contesté que sí era consciente pero que sentía que tenía que hacerlo. Él me dijo que adelante y que me iba a apoyar en todo lo que necesitara.

¿Qué valores le ha inculcado su padre y qué valores destaca en su padre como juez?

Como juez tiene unos valores muy claros, ante todo la imparcialidad: él no mira si una persona es de un partido político o de otro, o si debería investigar a esta persona o no deacuerdo con sus ideales. Él tiene unos ideales, pero por encima de todo es imparcial. En este sentido, hay decisiones que le ha costado mucho tomar, pero las ha tomado. También se caracteriza por su sentido de la responsabilidad; considera que es su trabajo y que tiene que llevar la responsabilidad a sus máximas consecuencias. Por otro lado, hay que destacar su visión internacional y universal de la ley, el mirar más allá, el buscar siempre una ley superior que permita hacer algo que a priori no se puede hacer sólo con la ley nacional. Y, por último, le caracteriza el respeto a todos, a las víctimas, a la verdad de éstas. Todos estos valores son los mismos que tiene como padre. Él nos hablaba siempre de la responsabilidad en el estudio y en el trabajo, del saber admitir errores; cuando diriges un equipo, aunque tú no te hayas equivocado, debes admitir el error, porque eres el único responsable.

También nos inculcaba el respeto a todos, nos señalaba la importancia de ponerse en el lugar del que está sufriendo, en el de la víctima. En el libro cuento una anécdota a propósito de ello: en el caso de la memoria histórica, uno de los abogados defensores de las víctimas comentó que sus defendidas, que tenían alrededor de cien años, querían dejar su ADN para que, en el caso de que ellas murieran, éste pudiera servir para cotejarlo con el de los restos de sus familiares, y hubo una persona que dijo: «También se puede sacar el ADN una vez muerta». Eso es un desprecio: una víctima no lo es porque quiere, y siempre hay que escucharla y ponerse en su lugar, y eso se traslada a cualquier parcela de la vida. Esto sí que me lo ha enseñado, a ponerme en el lugar del otro; que ningún sentimiento es despreciable; a intentar entender por qué alguien actúa de una manera u otra, y si no estás de acuerdo tratar de comprender desde la razón y defender tu verdad.

¿El hecho de que su padre en un momento de su carrera se pasara a la política le ha desfavorecido?

Creo que sí. Él lo hizo con toda su buena intención, y estuvo apenas unos meses, y nunca cambió su manera de actuar; pero de cara a algunos medios de comunicación, y por lo tanto a parte de la opinión pública, que se guía mucho por lo que dicen estos medios, siempre quedará como el juez socialista que lo dejó porque no había conseguido un ministerio. Luego vinieron los comentarios que se vertieron de que si estaba actuando en el caso GAL para vengarse, cuando es totalmente falso, porque este caso se inició a finales de los ochenta y su incursión en política fue en el año 92, cuando sencillamente retoma un caso iniciado antes. Este tema ha vuelto a ser utilizado después en el caso Gürtel para desacreditarle y atacar a su independencia judicial una vez más.

¿Qué irregularidades se han cometido en todo este proceso?

Habría que mirar cada proceso por separado, aunque algunas irregularidades se han repetido, como el no admitir pruebas de la defensa ni muchos de los testigos. Por ejemplo, en el caso de los crímenes franquistas, se pidió la comparecencia de juristas internacionales, puesto que estamos hablando de crímenes contra la humanidad y crímenes universales, y no se permitió. En el caso Gürtel, una de las cosas que más me impresionó es que en la investigación no se habían escuchado las famosas «cintas» que el juez Garzón supuestamente había utilizado para cercenar el derecho de defensa. El abogado acusador, al señor Peláez, cuando le preguntaron: «¿Y usted ha escuchado el contenido de las cintas?», contestó: «No.» «Y entonces, ¿cómo sabe que han sido utilizadas en su contra?»; porque la fiscal del caso era muy sagaz, parecía que sabía lo que iba a responder. Ése fue el único testimonio que se dio en el juicio y que contradijo la defensa de mi padre. ¿Cómo puede basarse una sentencia de once años de inhabilitación en una intuición? El caso de Nueva York es el que acumula más irregularidades: no sólo se investigan los ingresos de mi padre en el periodo de estancia en esta ciudad y en los meses posteriores, sino que se investigan todos los ingresos antes de que viajara a Nueva York y, posteriormente, también incluyen a mi empresa, que se crea cinco años después. Y si te están investigando y se van a verter unas acusaciones tan graves como las que luego se vertieron, lo normal hubiera sido tener alguna prueba que afianzara esta acusación, y ni se pidieron datos económicos ni extractos de las cuentas.

Y respecto a las irregularidades, ¿qué medidas han tomado ustedes o qué medidas van a tomar?

Durante todo el proceso se interpusieron recursos ante las decisiones que cada juez instructor iba tomando. La mayoría de ellos fueron rechazados; sólo prosperó el recurso contra cinco de los magistrados del tribunal que lo juzgaría por los crímenes del franquismo, porque al fin y al cabo eran los mismos que habían investigado el caso, y si los que han investigado dicen que hay indicios, no deberían juzgarte, porque dónde queda la imparcialidad. Ahora se ha presentado un recurso de amparo en el Constitucional que viene a decir que se ha podido cercenar tu derecho como ciudadano debido a las irregularidades que ha habido en este caso, y luego está Estrasburgo como última opción.

“No puedo acatar porque todo el juicio parece una pantomima;
incluso la sentencia parece estar escrita con anterioridad”.

No acato porque acatar significaría que es culpable, admitir que hay culpabilidad. Yo vi el juicio y lo vio mucha gente, y se puede pensar que mi percepción es sesgada porque soy su hija; pero esa otra gente dijo que era una locura porque no había pruebas y, si no hay pruebas, ¿cómo puedes emitir una sentencia tan dura? No lo puedo acatar porque el juicio parece una pantomima, incluso parece que la sentencia estaba escrita con anterioridad. No puedo acatar cuando se hacen esos juicios de valor tan fuertes, cuando si algo ha intentando mi padre ha sido siempre velar por las libertades y los derechos de víctimas y acusados, como el protocolo que instauró para que se grabaran todas las detenciones, y esta sentencia le acusa de lo opuesto, parece más un ataque personal. En la propia sentencia no dice en qué cercena el derecho de defensa, es decir, qué fue lo que mi padre utilizó para hacerlo. A esto debemos sumar que tampoco está clara la ley: para unos jueces sí es ilegal y para otros no, aparte de que en numerosas ocasiones se han tenido que invalidar unas escuchas por irregularidades y eso no ha llevado a prevaricación de los jueces y once años de inhabilitación en su carrera.

Ojalá la justicia fuera imparcial y no importara tanto cómo es el juez de turno, sino los intereses que tienen los denunciantes y las víctimas

Hemos acabado muy cansados del sistema; mucho tendrían que cambiar las cosas. Ojalá la justicia fuera imparcial y no importara tanto cómo es el juez de turno, sino los intereses que tienen los denunciantes y las víctimas. Yo hace tiempo que le dije que dejara la Audiencia, aunque hay que entenderlo a él: tiene una firme confianza en la justicia y en la judicatura. Él, desde luego, se fue diciendo que no quería que quedara nada suyo allí y sacó todas sus cosas de la Audiencia.

Entrevista cedida por Editorial Planeta