10 de julio de 2012

Dios, la materia y el hombre

El universo contiene materia; ésta se caracteriza por la cantidad física que definimos como masa. En 1905 Albert Einstein demuestra que la materia puede surgir a partir de la energía, y que del mismo modo, puede volver a ella: "la energía, ni se crea ni se destruye; sólo se transforma". Es así como la existencia de masa en el universo no contraviene ley alguna de la naturaleza. Pero si la masa puede proceder de la energía, cómo surgió la energía por vez primera? ¿Cómo es posible que surja algo desde la nada? ¿Pero acaso existió la nada alguna vez? ¿Y si la materia [la energía], es eterna?

El vacío y la nada no son lo mismo. En la nada no hay "nada de nada". La nada difícilmente puede ser imaginable por el hombre. Por el contrario, el vacío es aquello que queda cuando se quita todo lo que se conoce que hay, [que no es todo lo que hay]. Mientras que la nada "no es", el vacío "está". Dicho vacío sigue conteniendo algo aunque hasta ahora, el hombre no ha podido determinar qué es. Con el descubrimiento del bosón de Higgs, [el hallazgo debe aún refrendarse] se identifica el vacío como una sustancia de partículas subatómicas, que a su vez son un campo permeable. Los átomos, adquieren su masa, van impregnándose de ésta, al desplazarse en el vacío sub-atómico de Higgs. La interacción de dicho campo [no vacío] con el resto de las partículas atómicas elementales, hace que éstas se impregnen de los "copos de nieve de Higgs"; que adquieran su masa.

La partícula de Dios

La religión será la primera tentativa del hombre para explicar la realidad en la que vive; su primer escarceo desde un primigenio intento filosófico. Pero este ensayo metafísico primario no permite la ubicación de la idea de Dios de la manera más acertada. El origen del Dios no puede constituirse a partir de un caos [o vacío] preexistente puesto que en ese caso, dicho caos le precede [no es creado por Dios]. De igual modo, Dios no puede pensarse desde la nada puesto que en la nada, no hay absolutamente nada; no hay ni Dios. Dios para pensarse, para decidir ser y crear, se vería obligado a hacerlo en algún sitio [ya existente] del espacio-tiempo. Por consiguiente, el Dios Acto Puro, causa primera de todo lo existe, sólo encontrará sentido siendo eterno. Es el Dios internamente contradictorio de Aristóteles, que a partir de ahora pondrá en jaque todo el castillo de naipes ideado por Platón.

De este modo nos encontramos con una paradoja: desde la perspectiva de la fe, el hombre no es capaz de concebir que la materia sea eterna, pero sí es capaz de concebir que Dios sea eterno. Dicha causa eterna no puede entenderse desde una fisonomía de materia cósmica, como el motor cósmico y armónico de Einstein o Spinoza. El hombre no puede rogar a la materia universal pues ésta nunca atendería a sus súplicas; por consiguiente sólo se puede conocer a Dios [rezar a Dios, relacionarse con Dios] si a éste se le dota de atributos antropomórficos. Sólo un Dios a imagen y semejanza del hombre, [con túnica y barbas], le brinda al hombre la posibilidad de dirigirse a Él. En palabras de Feuerbach, sólo la proyección antropomórfica de Dios permite al hombre relacionarse con él

Pero es acaso más fácil suponer que el universo ha existido por toda la eternidad, que concebir a un ser eterno con capacidad para crearlo? ¿Por qué entonces hay un Dios en vez de nada? Ahora sabemos que son los copos de nieve sub-atómicos de Higgs los que impregnan las partículas atómicas, contribuyendo a engordarlas, a crear masa. Ello sigue remitiéndonos una vez más al origen de todo: ¿de dónde surgió el bosón de Higgs? ¿Quién creó el Big Bang que lo antecedió? Delegar todo en Dios es justamente resolver y zanjar toda pregunta, no desear preguntarse nada que pueda contradecir nuestro más íntimo razonamiento, reprimir cualquier curiosidad intelectual. 

Así hay quien piensa que esa causa eterna es materia, y quien opta por revestir dicha causa de atributos antropomórficos. Materia o Dios, la cuestión  para el hombre no es tanto saber qué sistema excluye la duda, sino cuál describe su razón.