25 de julio de 2012

El final de la democracia

Carlos Carnicero

La brecha entre la sociedad y sus representantes es poliédrica. Pérdida de soberanía: los representantes carecen de autonomía; se limitan a interpretar, en el mejor de los casos, los mandatos de la Unión Europea y el FMI. Han incumplido los compromisos electorales hasta llegar a realizar lo contrario de lo que prometieron. Prescinden de los ciudadanos para imponer lo que les perjudica a éstos. La casta de los elegidos se ha desprendido de su relación con la sociedad.

1. ¿Merece la pena pertenecer a un club que nos obliga a financiarnos al 7% y que solo presta dinero para inyectarlo en la Banca, que es uno de los  principales causantes de la crisis?
2. ¿Qué obligación tienen los ciudadanos de aceptar unos recortes que no han sido pactados con ellos?
3. La rebelión y la insumisión es legítima contra la ruptura del pacto democrático que vincula a sus ciudadanos con sus representantes.

A lo que se nos obliga es a aceptar que se mantengan los privilegios de los que más tienen y se destruya la vida de la mayoría de los ciudadanos. Ni siquiera hay compromisos de futuro para cuando se produzca el crecimiento. Y, ¿qué será el crecimiento? La eclosión de quienes dominan los medios financieros y volver a empezar desde posiciones de pobreza para el resto de los ciudadanos en un ciclo del capitalismo que es ya insoportable. No hay otra opción que el rechazo activo de una política que no conduce a ninguna parte, que imposibilita el crecimiento económico para retroceder décadas en el tiempo.

Los dos grandes partidos son cómplices por acción y omisión y están perdiendo todo arraigo en la población. La dialéctica ya no es entre derecha e izquierda, sino entre una minoría de poderosos con la complicidad de las instituciones y la clase media y los más pobres, unidos ahora en la destrucción de su sistema de vida. No hay liderazgos políticos. La democracia se está desvaneciendo. Si la rebelión política no la encabezan partidos y sindicatos, el desbordamiento dará cuenta de la destrucción de la democracia con la eclosión de radicalismos y populismos. El reloj se ha puesto a andar y marcará la hora en septiembre. Cuando haya que pagar las matriculas de los hijos y el desempleo sea insoportable desde los parámetros a los que les obligan estos recortes.

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Ilustración "Capitalismo" de El Roto