1 de julio de 2012

El viejo Yayam

"¡Ay, amor mío! Llena la copa que libra al Hoy de las pasadas añoranzas y de los temores futuros... ¿Mañana?... Tal vez mañana yo mismo perteneceré a los siete mil años del Ayer.

¡Mirad! Algunos de aquellos a quienes hemos amado, los más amables y los mejores que el tiempo y el destino hayan prensado en su lagar, bebieron su copa una o dos vueltas antes, y uno a uno se hundieron silenciosamente en el descanso.

Y nosotros, que ahora nos regocijamos en el lugar que ellos dejaron, y que el verano viste de flores nuevas, también descenderemos bajo la capa de tierra, y haremos una capa de tierra... ¿para quién?

¡Oh! Ven con el viejo Jayam, y deja hablar a los sabios: una cosa es cierta, que la vida huye; una cosa es cierta, y el sueño es mentira. La flor que ha florecido una vez muere para siempre.

Yo mismo, de joven, frecuenté con ardor a doctores y santos, escuché grandes argumentos sobre esto y aquello; y esta fue toda la cosecha que logré... “Vine como el agua, y me voy como el viento”.

¡Qué?... Sin consultarme, lanzado aquí... ¿de dónde? Y sin consultarme, arrojado aquí... ¿adónde? Ahoguemos en otra copa y en otra copa, la memoria de esta insolencia.

*****

Del centro de la Tierra, subí a través de la séptima puerta, y me senté sobre el trono de Saturno; por el camino desaté muchos nudos, pero no el nudo de la muerte y del destino humano.

Había una puerta para la cual no encontré llave; había un velo a través del cual no pude ver; hablaban un momento del Mí y del Tú... y después ya no había ni Tú ni Yo.

Entonces clamé al mismo cielo preguntando: ¿Qué lámpara tiene el Destino para guiar a sus pequeñuelos vacilantes en la oscuridad? Y el cielo respondió: Un entendimiento ciego.

Entonces conjuré a la esfera terrestre para que enseñase a mis labios el secreto de la fuente de la vida. Y, labio a labio, la tierra murmuró: Mientas vives, bebe, porque una vez muerto no volverás nunca.

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Deja disputar a los sabios la eterna disputa del universo, y conmigo en un rincón del reposorio de Hubbub, burla al que hace otro tanto contigo.

Porque dentro y fuera, encima, en derredor, abajo, no existe nada más que una sombra mágica, proyectada por una linterna, cuya luz es el Sol, en derredor del cual nosotros, figuras fantasmas, venimos y nos vamos.

Y si el vino que bebes, el labio que besas, acaban en la nada... en que van a parar todas las cosas... sí... piensa que eres Hoy lo que eras Ayer y que no serás menos mañana.

Y ese cuenco invertido que llamamos cielo, bajo el cual arrastrándonos encarcelados vivimos y morimos; no levantes tus manos hacia él, pidiendo ayuda, porque, impotente, rueda como tú y yo".

  • De los Rubáiyát / Omar Jayam