26 de agosto de 2012

Las venas abiertas de América Latina

(E. Galeano)

"En 1581, Felipe II afirma ante la audiencia de Guadalajara, que un tercio de los indígenas de Ámerica ha sido ya aniquilado, y que los que aún viven son obligados a pagar tributos por los muertos. El monarca añade que los indios son comprados y vendidos, duermen a la intemperie y que las madres matan a sus hijos para salvarlos del tormento de las minas. La Corona considera tan necesaria la explotación inhumana, que Felipe III llega a dictar reglas prohibiendo formalmente el trabajo forzoso en las minas, y al mismo tiempo, cursa instrucciones secretas ordenando que continúe "en caso de que la primera medida hiciese flaquear la producción". Tanto Felipe III como Felipe IV, mantendrán invariable el sistema.

En tres centurias, el rico cerro de Potosí quemó, según Josiah Conder, ocho millones de vidas. Los españoles batían cientos de millas a la redonda en busca de mano de obra. Muchos de los indios morían por el camino antes de llegar a Potosí. Pero eran las terribles condiciones de trabajo en la mina, las que más gente mataban. Potosí era la entrada al infierno que tragaba indios por millares y millares. Juan Ginés de Sepulveda sostenía que merecían el trato que recibían porque sus pecados e idolatrías constituían una ofensa contra Dios. Otro miembro del Real Consejo replicaría que en realidad, los indios se encontraban demasiado abajo en la escala de humanidad, como para ser capaces de recibir la fe.

Tupac Amaru

En 1781, Túpac Amaru pone sitio a Cuzco, prohibiendo la explotación del Potosí y libertando a los esclavos. Pronto los indigenas se le suman por millares. Pero será traicionado por uno de ellos y entregado. Tupac será sometido a suplicio, junto a su esposa, sus hijos y principales partidarios en la plaza de Wacaypata, en el Cuzco. Le cortaron la lengua. Ataron sus brazos y sus piernas a cuatro caballos para descuartizarlo, pero el cuerpo no se partió. Lo decapitaron al pie de la horca y enviaron su cabeza a Tinta; uno de sus brazos a Tungasuca, el otro a Carabaya; una pierna a Santa Rosa y la otra a Livitaca. Quemaron su torso y arrojaron las cenizas al río Watanay, recomendando fuese extinguida toda su descendencia, hasta el cuarto grado".

  • En su célebre obra "Las Venas abiertas de América Latina", Eduardo Galeano desgrana la secular explotación a la que ha sido sometida la mitad sur del continente americano por parte de las distintas potencias hegemónicas, a lo largo de la historia: desde el descubrimiento del "nuevo mundo", hasta nuestros días.