27 de septiembre de 2012

Neoliberalismo: la vuelta al viejo orden

Todo empieza tomando la Bastilla. Hasta entonces la ley de una ínfima élite dominante, la ley natural o ley de Dios, es el único orden existente. El creador derrama su gracia sobre el rey; la Corona a su vez, refuerza la voluntad divina mediante el contrato con sus notables: duques, condes, marqueses, señores y resto de la nobleza que se erige en guardián de la Ley Vieja. Junto al rey y sus grandes, el tercer estamento; una Iglesia que refrenda y aprueba este orden natural, amén de educar o quemar en la hoguera a su grey según el día. Ajeno a estas tres realidades, un vulgo oprimido que es además, el único que paga impuestos por conceptos tales como "obtener seguridad", o “habitar” las tierras feudales.

Hasta hace poco más de doscientos años, todo descansaba en la plena armonía natural; el anhelado orden celestial de Milton Friedman reinaba en el orbe al igual que el león devora a la gacela o la luna arrastra las mareas. Tuvieron que llegar las revoluciones, los ilustrados, los intelectuales y los relativistas. Venían con Aristóteles, con Hume, con Hobbes bajo el brazo; luego con Feuerbach y hasta con Marx: que si Dios no existe, que si el rey ya no tiene “gracia”, que si el hombre tiene derechos y deberes, que si la sociedad tiene derecho a ser educada... hasta Sanidad gratis hubo que consentirles, y encima funcionaba.

Durante más de dos siglos, la Ley Natural, la ley vieja, prerevolucionaria, se ha encontrado amenazada por todo tipo de hordas que han buscado asfixiarla: que si Napoleón, los derechos y deberes del hombre, los bolcheviques... Todo parece llamado a volver a ser como antes. Será que siempre ha habido clases y siempre las habrá. ¿Que todo el mundo tiene derecho a la educación? ¿Los miserables, los sans culottes, educándose para qué? ¿Para hacer desaparecer a Dios? ¿Para correr el riesgo de ver a un presidente ateo, que no mire por el más allá sino por el más acá? Si hay quien viene a este mundo a sufrir, será menester hacerle comprender. ¿Quién va a resultar mejor minero o peón que un hijo que aprenda de su padre? 

Tras la reconversión hacia una educación privada que mira a la excelencia, queda el otro frente, la paulatina sustitución de todo el entramado sanitario social, heredado del infame siglo XX por su correspondiente  transferencia a la gestión privada. Para los casos extremos, quedará la caridad, que nada tiene que ver, por supuesto, con los principios de justicia y solidaridad. Los valores políticos de la gente decente están en el Evangelio: no hay más libertad, igualdad o dignidad que las que se desprenden de la Creación. Dios sabe impartir justicia y en prueba de su amor, las clases más desfavorecidas se benefician de la limosna, los repartos de comida y la benevolencia. Sin Seguridad Social, el enfermo rezará. Sin educación, el nuevo súbdito se entregará a sus miedos y supercherías sin riesgo a una rebelión. Cada cual es responsable de su salvaguardia. 

Los mercaderes del Templo, se erigen en los apóstoles de la nueva democracia global y se comprometen a potenciar los brazos de la Caritas. Forma parte del juego. Mientras el desahuciado, el embargado, el desempleado, el homeless y el okupa tengan un plato caliente, se evita la Revolución. No es ningún secreto que "dar de comer" sale a cuenta. Es toda una inversión.