22 de enero de 2014

Dalí y el milagro de la materia

25 aniversario de la muerte del genial artista.

¿En qué momento la materia llega a convertirse en materia orgánica? Para Aristóteles, el origen de la materia orgánica se encuentra en el estado de humedad. En su libro "El principio de todas las cosas", el teólogo Hans Küng ilustra cómo hace más de tres mil millones de años, no existe vida alguna sobre la tierra, pero se cumplen ya los requisitos químicos para la formación de ácidos nucleicos del tipo ARN desde una disposición puramente aleatoria de sus componentes. De manera del todo azarosa, surgen, aunque sea muy de vez en cuando, moléculas de ARN, que, en un estado de plegamiento, aceleran como catalíticos la síntesis de los propios ácidos nucleicos: dicha autoreproducción junto al metabolismo y la mutabilidad, conforman el disparo de salida hacia la vida (1).

El ARN tiene como función básica gestionar, articular los procesos de expresión de la información genética en la síntesis de proteínas. El ADN sin embargo, almacenará, conservará y transmitirá la información genética de células padres a células hijas. Si el ARN es un mero intermediario de información genético, el ADN conserva y transmite dicha información de generación en generación. El descubrimiento del ADN evidencia por vez primera una voluntad de transmisión hereditaria en la materia. El ADN busca "seguir siendo", legar, transmitir su legado a su descendente.

De la materia inerte al ARN y al ADN. De la materia a la materia viva y a un proceso motor de desarrollo racional. Dalí ve en el descubrimiento del ADN, un nuevo tótem, el soplo de Dios. Una expresión de la operatividad divina. En opinión del genial artista, el descubrimiento del ADN permite acceder a la idea de Dios, a la mecánica divina: "la única estructura legitima hoy, [emanada de Dios] es la estructura molecular del ácido dexoxirribonucleico". Para Dalí, el ADN, en tanto "materia viva e inteligente" prueba la existencia de Dios. Todas las inquietudes del genial pintor: el psicoanálisis, la relatividad, la física nuclear, la física cuántica o el estudio del átomo -materia-, no son sino instrumentos destinados a encontrar respuestas, a aportar algún sentido añadido, a la vida misma.




"Las chicas, que aplaudan las chicas..."

1-. En palabras de Küng, "seguimos sin saber a ciencia cierta cómo surge por vez primera la vida a partir de lo inanimado, pero sí sabemos que la transición hacia la vida se basa en regularidades bioquímicas, o lo que es lo mismo, en la auto-organización de la materia, de las moléculas. A partir de la materia primigenia se forman (a través de descargas eléctricas) moléculas y sistemas cada vez más complejos. Ya en el nivel molecular rige la selección natural, la supervivencia del más apto. Esta tendencia a la "aptitud" impulsa imparablemente "hacia arriba" el desarrollo a costa de las moléculas menos aptas. Así se produce la evolución de los seres unicelulares, luego los pluricelulares y, por último, de las plantas y animales superiores.

A través de la ampliación, mutación y selección de fragmentos de secuencias de ARN, se llega a la "invención" de procesos y estructuras bioquímicas básicas. El rol de sustancia hereditaria pasa de ARN al ADN. Algunas células desarrollarán a partir de ahí la capacidad de fotosíntesis: la energía solar fue aprovechada directamente como fuente de energía para el metabolismo".