24 de octubre de 2012

Los hijos de Dios

Ramón Barral es un párroco sin gracia, que hace unos meses demostraba su amor por el prójimo negándose a dar la comunión a una niña con sindrome de Down. Quizá al amantísimo parroco le molestó sobremanera comprobar que la creación de su Dios, todopoderoso, bondadoso y omnisciente, es una creación con sindrome de Down.

Algo semejante le ocurre a la Iglesia sin ir más lejos con los homosexuales: si Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, o una de dos: o se admite el desorden de Dios o los homosexuales han de ser forzosamente enfermos, (como si cualquier anomalía "contraria a naturaleza" para un creacionista, no fuera en sí misma, responsabilidad divina).

El por qué permite Dios las desgracias naturales, las enfermedades más terribles o un libre arbitrio que da rienda suelta a la maldad, la miseria, las guerras o el sufrimiento, es algo que  el hombre se ha preguntado durante miles de años. Concluir de ello, algo más o menos razonable, es el primer paso que separa al filósofo del teólogo.

Quien alberga menos dudas existenciales es un pulcro y decente siervo del Señor, un americano como Dios manda. El senador republicano Richard Mourdock tiene respuestas a todos los "por qués". "Si hay un embarazo tras una violación, es porque Dios lo ha querido así". ¿Se refiere Mourdock a que Dios ha querido el embarazo o también la violación? El neofascismo global pierde la vergüenza. Se saben intocables.