2 de noviembre de 2012

El privilegio de votar en EEUU

En EEUU no se vota en día festivo, sino en día laborable: "el primer Martes después del primer lunes de Noviembre". Un detalle aparentemente menor, pero en sintonía con lo que puede denominarse el arte de ahuyentar la democracia. El proceso electoral norteamericano difícilmente superaría los criterios de calidad respecto al sistema de sufragio de los países europeos. Para empezar, su censo no se toma desde un padrón municipal al uso, sino desde un listado realizado expresamente entre aquellas personas a las que se les reconoce el "derecho al voto"

En nuestro sistema continental, votar es tan sencillo como mostrar el DNI e insertar la papeleta escogida. En EEUU los ciudadanos han de “solicitar” a su oficina electoral que desean ejercer su derecho a votar. Al no existir DNI, la demostración respecto a la existencia de una persona física, debe delegarse en una "credencial valida". Ello se traduce en conceder el derecho a voto siempre que presente por ejemplo, una nómina laboral, la cartilla sanitaria de pertenencia a una empresa vinculada a la red asistencial de salud, o un carné de conducir. Como primer filtro, todo persona carente de tal documentación, es decir, gente desempleada, sin cobertura u otra documentación válida como un carné de conducir, no podrá ejercitar su derecho al voto. En su segunda legislatura, Barak Obama promulgó la obligación de suscripción sanitaria privada para toda nueva relación laboral entre empresa y trabajador, pero está aún por ver aún la viabilidad de esta medida.

110 millones de norteamericanos con aparente derecho
al voto, no han podido ejercer nunca dicha facultad

Para una sensible cantidad de ciudadanos anónimos norteamericanos, la posibilidad de votar, más allá de sentirse o no identificados con las dos únicas opciones que logran ser avaladas, es en cierto modo, un privilegio del que no participan.  Si nos encontramos en el grupo de los “acreditados”, será el momento de solicitar a la oficina electoral que nos reconozca “la facultad de votar”, trámite a superar mediante un engorroso cuestionario administrativo que termina por espantar a una parte nada irrelevante del electorado. Una vez reconocido el derecho a voto,  hacerlo efectivo en unas Primarias tampoco garantiza el poder repetir en las Generales. La oficina electoral resuelve adjudicar el derecho a voto, siempre por un tiempo sujeto a caducidad, [que suele cubrir por regla general una sola participación electoral], con lo que el procedimiento debe solicitarse en cada renovada voluntad de votación. 

La ley contempla además, que toda aquella persona incursa en cualquier causa penal o administrativa, deba resolver previamente su historial anómalo. Sin entrar en casos extremos, y a modo de ejemplo, una simple multa de tráfico pendiente de abonar, desactiva el derecho al voto y activa de inmediato la reclamación de todas las posibles sanciones o figuras administrativas aplicables. La realidad es que muchas personas humildes, ni se plantean siquiera solicitar su derecho al voto por temor a las desagradables consecuencias con las que puedan toparse.


Colas en Florida en 2008, para obtener "derecho a votar"

  
Más allá de las trabas, resulta sintomático que un país supuestamente desarrollado y democrático como EEUU, habilite los colegios electorales no por barrios vecinales, como ocurre en Europa, sino por núcleos de población, al punto de llegar a formar colas kilométricas más propias de países en vías de desarrollo . En las elecciones de 2008, un jugoso reportaje de TVE detallaba el caso de sectores de población en determinados Estados federales que debían desplazarse hasta diez y veinte kms, para poder votar en su centro electoral correspondiente. Superada la aventura de votar, se conserva en muchos de los Estados, antiguos sistemas de perforación a maquina anteriores a la Segunda Guerra Mundial, con las subsiguientes suspicacias que ello origina, de cara a una manipulación del sistema o a su posterior recuento. Aún hoy se recuerda la imagen de un interventor en las presidenciales de 2000, ayudándose de una enorme lupa, buscando descifrar, cual de las cincuenta diminutas casillas que encerraba la jeroglífica papeleta, podía significar el respaldo, a algo tan sencillo como escoger entre “Gore" o "Bush”.

La catarsis social provocada por el fenómeno Obama en 2008 supuso el récord de participación electoral en la historia de EEUU. De sus 315 millones de habitantes, unos 130 millones de personas lograron hacer efectivo su derecho a votar, sobre una población electoral potencial de 240 millones. Un 57%. Las cifras tradicionales de participación suelen oscilar en torno a los 100 millones de votos. Otros 110 millones de norteamericanos con supuesto derecho al voto, no han podido ejercer nunca tal facultad. Si cualquier país del llamado Primer Mundo, ostenta su récord de participación electoral entre el 75% y el 80% de su censo, en EEUU dicho porcentaje no ha superado en su historia el 60%. El pueblo americano ocupa el puesto 138 del mundo, de un total de 172 países, respecto a su índice de participación electoral.