12 de noviembre de 2012

Giffords: caso cerrado

En un país de más de 300 millones de personas, basta la existencia de un fanático entre 10.000, para reunir un ejército de 30.000 integristas dispuestos a salvar a América de cualquier amenaza. Esto es algo que los neocon saben muy bien. Para todos ellos, connotados amantes de la democracia global, no ser un ultraderechista talibán, significa ser un comunista peligroso. Por esta razón, la FOX de Murdoch en comandita con otros entrañables amigos del Tea Party, diseñaron una ingeniosa tableta que destacaba citas y fechas de ciertos candidatos demócratas en precampaña. "Nosotros diagnosticamos el problema; ayudanos a prescribir la solución" decían. A partir de ahí, sólo era necesario apretar el gatillo, para que cada punto de mira detallara la agenda de su target (objetivo): los "americanos traidores".

Jared Laughner, decidió apretar el gatillo sobre la prometedora delfín Gabrielle Giffords, llamada a suceder a Obama. De modo que se presentó a la cita-meeting programada, y asesinó a media docena de integrantes de su equipo, mientras Giffords logró salvar la vida, si bien quedando anulada para siempre. Ahora se cierra el caso con la pena de cadena perpetua decretada a Jared Laughner. "Declararse culpable impide aplicarle la pena  capital" dicen. Por lo visto, lo de ejecutar  a la gente es más para indigentes, chicanos fronterizos o negros jugando a basket en el patio de atrás. Si hablamos de un blanco que viene de salvar a la nación, qué menos que una cadena perpetua, que le garantice la fama concediendo entrevistas, escribiendo best sellers respecto a por qué lo hizo, o recibiendo toda clase de visitas de sus admiradores. En diez años le darán un programa de televisión. En el fondo los adoran. Son los verdaderos guardianes del sueño americano.