29 de noviembre de 2012

La Odisea

(Homero)

"Llegó finalmente a la remota isla y en ella tomó tierra dejando las aguas violáceas. Caminó derecho hacia la espaciosa cueva, mansión de la ninfa de trenzados cabellos. Allí estaba; un gran fuego alumbraba el hogar, el olor del alerce y del cedro de buen corte, al arder, dejaban la isla aromada a lo lejos. Dentro cantaba con voz melodiosa y tejía aplicada al telar con un rayo de oro. A la cueva servía de cercado un frondoso boscaje de fragantes cipreses, alisos y chopos, donde tenían puesto su nido aves de rápidas alas, alcotanes y búhos, chillonas cornejas marinas de las que viven del mar trajinando en las olas. En el mismo recinto y en torno a la cóncava gruta, se extendía una viña lozana, florida de gajos. Cuatro fuentes en fila, cercanas las cuatro en sus brotes, despedían a distintos lados la luz de sus chorros; delicado jardín de violetas y apios brotaba en su torno: hasta un dios que se hubiera acercado a aquel sitio, se quedaría suspenso a su vista gozando en su pecho".
(Ulises encuentra a Calipso)

"Al bellísimo lecho de Circe subí. Se sentía entretanto en la sala el movido trajín de sus siervas. Eran cuatro; siempre en palacio prestándole diligente servicio. Son hijas de fuentes, de bosques o de ríos sagrados que al mar apresuran sus aguas. Mientras una tendía por los troncos los bellos tapetes, recubriendo de púrpura el lienzo que echaba primero, la segunda ponía por delante de las mesas de plata y dejaba los áureos cestillos encima. Otra de ellas, tras mezclar en argéntea vasija suavísimo vino con sabores de miel, colocaba las copas de oro. La cuarta vino con el agua, la echó en gran caldera y encendió vivo fuego debajo del trípode. Apenas el calor la hirvió en el bronce brillante, me invitó a un baño y ya en hervor, con la fría la mezclaba al placer. Por cabeza y hombros la vertió sobre mí y el cansancio extirpó de mis miembros. Cuando me hubo lavado y ungido de grasa luciente, una túnica en torno me echó..."
(Ulises encuentra a Circe)

"Hay en Ítaca un puerto, el de Forcis, que se abre entre dos promontorios rocosos y abruptos. Por fuera le resguardan del fuerte oleaje que mueven los vientos enemigos, y dentro están las naves de buena cubierta sin amarras cuando vienen de arribada. Se ve al fondo del puerto un olivo de gráciles hojas y a su lado una cueva sombrosa y amena, recinto de las ninfas del agua llamadas náyades. Dentro se hallan sus cráteras y ánforas, todas en roca, donde suelen venir a libar las abejas, y hay, asimismo, muy largos y pétreos telares donde unas túnicas tejen las ninfas con brillos marinos que es hechizo de ver. Allí corren las aguas perennes y las puertas son dos: una al bóreas abierta a los hombres y la otra hacia el noto divino; ningún ser humano tiene entrada por ésta, que es paso reservado sólo a inmortales..."

  • La Odisea / Homero