5 de diciembre de 2012

Españoles con honor

“Que nuestro grano de trigo germine y podamos aliviar así,
 la situación de tantas familias que se encuentran en dificultades”.
Díaz Ferrán. (Catedral de Santiago de C.)


Díaz Ferrán tenía por casa 150.000 euros y un lingote de oro valorado en otros 60.000. Como siempre es desagradable lo de andar con dinero suelto, era su socio, Ángel de Cabo, quien disponía en su despacho de cierta calderilla añadida, otros 400.000 euros. Teodoro, su cuñado, rellenaba la almohada con otros 380.000 y entre tintes y cosméticos, Susana, la secre, guardaba otro millón de euros en metálico “porque ella lo valía”. Sin la más mínima pesquisa, la policía judicial se ha visto obligada a rellenar las primeras sacas para no tropezar con tanto "fleco suelto" y poder de una vez, iniciar en serio la investigación. Hasta cincuenta millones de euros se presume por ahora, que ha podido evadir Díaz Ferrán, más lo que pueda derivarse de la posterior instrucción del juez. Su patrimonio, ganado con el sudor de otras frentes -que “desgraciadamente deben trabajar más y cobrar menos”, incluye chalets de lujo, fincas de caza en Toledo o Portugal, propiedades en Nueva York, Holanda, Méjico... Como ya ocurriera en la época de los Austrias, en la Hacienda de Díaz Ferrán no se pone el sol. A ello se ha de sumar la marca del ADN hispánico: los yates de turno, aparatosos coches de alta gama, leones disecados, leopardos, antílopes, búfalos, cabezas de elefante...

Parece que Ferrán tendrá difícil asumir la fianza impuesta por el juez, al haberse declarado él mismo "insolvente" y asegurar recientemente que su salario apenas alcanzaba los 317 euros al mes, gracias a su labor como administrador de una gasolinera. Ferrán responde a lo que en España se denomina gente seria y decente; gente honorable. Nuestro presidente del gobierno los denomina “personas como Dios manda”. Hasta hace dos años Ferrán era el presidente de la CEOE, es decir, el máximo representante de los empresarios españoles. ¿Son éstos, quienes compartieron con él sobremesas, cuitas y sarcasmos, unos cretinos integrales que nunca llegaron a conocerlo del todo, o acaso lo nombraron presidente, por ser ese, exactamente, el espejo en el que se veían reflejados para llevar a cabo sus aspiraciones?