2 de diciembre de 2012

La realidad del Capital

Una vez asegurado el voto de sus pensionistas gallegos y catalanes en las autonómicas, Mariano Rajoy ha terminado por incumplir la última de sus promesas. “No revalorizar las pensiones es una decisión impuesta por la realidad” declara. La realidad de Rajoy representa la fe impostada en un orden injusto e invisible que nadie comprende y en el que las claves a descifrar sólo encuentran sentido desde el exclusivo interés de la tecnocracia neoliberal que la administra. Rajoy esgrime que su gestión viene condicionada por la excepcionalidad, pero oculta que es precisamente su credo político y el de todo su gobierno, el que impera en el mundo y dicta las recetas de lo real para países sometidos al Shock y al golpe de Estado financiero como España.

Al neoliberalismo siempre le bastó con falsear la realidad o esconder a sus damnificados bajo la alfombra. Quién sabe si al escudarse en la realidad, Rajoy pretende insinuar que las agencias de calificación, los grandes Fondos de Inversión, el Deutsche Bank, Mario Dragui, Ángela Merkel o el BCE, nada tienen que ver con la manera de entender la política que él y su gobierno representan. No se trata tanto de reconocer el error histórico de un orden económico que se devora a sí mismo, sino de mantener una impostura cuyas consecuencias siempre han sido conocidas. Hace tiempo que el interés político más extendido no aspira a mejorar la realidad sino  a gestionarla en función de sus propias aspiraciones, aceptando una visión de lo real de una legalidad y moralidad, más que dudosas.

Rajoy no se planteará en ningún momento alternativa alguna a su lógica neoliberal como unica realidad aceptable. En palabras de Luis de Guindos, ex consejero de Lehman Brothers y actual ministro de economía: "No se pueden adoptar medidas que alteren el sistema general del sistema normativo", lo que perfectamente puede traducirse como "ninguna alternativa debe esperarse fuera del sistema". Pero la insuficiencia de una realidad injusta no podrá nunca concebirse como un conjunto de ideas terminadas y cerradas, sino como un proceso sujeto a permanente revisión, hacia una ciencia real de la sociedad que persiga, no su suicidio, sino su Bienestar.

El bochorno cósmico que está suponiendo el gobierno de un Mariano Rajoy, erigido a la vez en chascarrillo burlón del concierto internacional, es casi equiparable al de una socialdemocracia a la deriva, víctima de sus propios vicios y secuestrada económicamente. El drama de este colapso histórico descansa en la evidencia de que este sainete bipartidista, ha demostrado ser un juego destinado sólo a poder interpretarse desde un necesario Bienestar social, hoy fulminado al consentir, tanto unos como otros, la laminación global de toda regulación financiera responsable. Regulación que nadie parece poder restaurar por vías democráticas.