15 de diciembre de 2012

Sabino Arana: Dios más allá de España


Euskadi: Dios más allá de España

"... proveyéndoos de novelas como las de Zola o las de Tolstoi, de tratados como el de Marx, de
aquellos libros que constituyan las armas más eficaces para rendiros, venceros y acabar
de conquistaros, ora trastornándoos las ideas, ora corrompiéndoos en costumbres.
"Alerta" / Sabino Arana

En 1872, y tras el fin de la Guerra de la Independencia en 1814, España contempla el estallido de la tercera guerra carlista en menos de medio siglo. Tal y como ya ocurriera en las anteriores, los tradicionalistas sólo se harán fuertes en las zonas rurales. En el País Vasco, sus capitales, Bilbao, Vitoria y San Sebastián defienden también la Constitución liberal (de 1869). Carlos VII de Borbón, que logra hacer de Estella la nueva capital apostólica frente a la rama borbónica constitucionalista (1) que ocupa el trono, no tendrá más remedio que regresar al exilio. En 1876 un niño llamado Sabino Arana contempla cómo su padre Santiago, regresa a casa derrotado, enfermo y abatido. El joven Sabino, educado desde el fervor religioso, pronto alertará sobre la contaminación espiritual de la sagrada y confesional "Bizkaya", frente a una nueva España atea, liberal y traidora a Dios, cuyo rumbo ya parece imposible encauzar. Arana comenzaba a crear el nacionalismo vasco.

La derrota del carlismo supone el fin de las pretensiones tradicionalistas: Dios, Patria [España absolutista], Rey [absolutista], y Fueros como prebenda feudal de una oligarquía vasca que persigue, como el resto de oligarquías españolas, [en la meseta o la periferia], conservar sus privilegios, amen de seguir sometiendo a su población, [en tanto súbditos]. En España, todo se resume desde 1812 en una sola idea propagada con éxito por la reacción: "Dios frente al anticristo liberal"una lacra a extirpar que desde la Revolución francesa  no deja de propagarse: derechos y deberes del ciudadano, constitución, ilustración, laicidad, imprenta..., a estos conceptos se suman ahora el marxismo, el materialismo, el relativismo o los movimientos obreros. Arana comprende además que el carlismo no entraña una nueva identidad, sino al contrario, refuerza el vínculo de la fidel y leal tierra vasca a una monarquía que ya no es garante de una España católica y absoluta.


Para Arana es necesario hacer tabula rasa y proclamar una nueva realidad. Si Dios ha caído en Castilla, no caerá en Bizkaia. Se crea así la reivindicación de Euskadi, la nueva España de bolsillo, la que no traicionará a Dios. La esencia que Arana reivindica se reclama desde la tipología social que ésta debe adquirir. Para Arana, el verdadero mal no está en los inmigrantes o maketos, sino en los vascos no creyentes, enemigos realmente de la Patria, que ponen en riesgo la esencia sagrada del pueblo vasco. Arana no olvida que su padre ha luchado en un bando que no ha podido ocupar nunca las capitales vascas, no ya por culpa de las tropas españolas [que sería lo deseable] sino según él, por vascos no dignos de su raza, “maketófilos ateos y liberales” que han luchado contra el absolutismo.

Llega el momento de refugiarse sobre los valores cristianos del mundo rural que encarna el baserritarra: una existencia aséptica, autárquica, propia de bizkaínos con sangre limpia, frente al bullicio y los habitantes de las villas. El baserritarra, el hombre de caserío, se convierte en su modelo de comportamiento ejemplar: su no contaminación con la ciudad y su moralidad católica lo hace el más fiel y digno portador de la sagrada esencia del pueblo vasco en torno a la familia y la Iglesia, y ajeno en definitiva a la transmisión de nuevas ideas y costumbres [rojas y ateas] que se transmiten en castellano por los vascos de la capital.

La evidencia irrefutable de que la única identidad perdida que Arana persigue es la identidad religiosa, la tenemos en la aversión que muestra hacia los propios vascos, puros y de raza, que no piensan ni sienten como él. Arana llega al punto de "no odiar” a los maketos, “pues poco daño pueden hacernos”, sino a los auténticos enemigos de la raza y la esencia vasca: los vascos carlistas que han degenerado; los vascos liberales, herejes y enemigos de las leyes viejas; los vascos regionalistas que no comprenden lo que son, o los nuevos vascos republicanos, anarquistas y socialistas que cómo no van a ir contra la [sagrada] Patria, si van contra Dios. A todos ellos, Sabino los denomina maketófilos, es decir, vascos puros y de raza que sin embargo, coinciden en sustancia con los maketos.

“si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen euskera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos, que pueden eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podría cambiarse”
    
"Asimismo: si nos pusieran de un lado la muerte absoluta de Bizkaya; esto es la extinción de su raza y su lengua, y la desaparición de toda su memoria referente a sus leyes e historia, y del otro, una Bizkaya maketa e independiente, optaríamos por lo primero" 
(Errores catalanistas. Sabino Arana)

Para comprender a Arana, los adjetivos “exótico” o “maketo” deben ser entendidos en todo momento como “no religiosos o sin fe”. Si es preferible el castellano con sustancia a un euskera sin ella, si es preferible un maketo creyente a un vasco puro de raza no creyente, si es preferible desaparecer como pueblo, a conocer gente que no encierre nuestra sustancia, cuál es entonces la sustancia de Arana sino Dios?

Toda la obsesión de Arana se resumirá siempre en una sola idea. Ser vasco es sinónimo de ser creyente [absolutista], al punto de que un vasco puro de raza con un pensamiento de izquierdas, [sin fe] sencillamente "no es vasco". Reivindicar lo vasco es reivindicar a Dios, frente a una nueva España liberal, que comienza a gestarse según él sin Dios, y donde el pueblo vasco no tiene ya cabida. Arana ve en el euskera y la costumbre vasca [sólo la costumbre rural confesional es realmente "vasca"], el cordón sanitario contra el liberalismo y los nuevos pensamientos filosóficos: “No enseñéis a los vuestros el castellano, el idioma del liberalismo”. Su pensamiento puede sintetizarse con el primer esbozo de su programa político redactado en 1894:

“Bizkaya debe basarse en la subordinación completa e incondicional
de la política a la religión, del Estado a la Iglesia”.

El padre del nacionalismo vasco, fallecerá en Vizcaya en 1903, a los 38 años de edad. Arana creará la Ikurrina y será el fundador del PNV. El partido Jeltzale [Dios y Ley Vieja] celebra desde 1932 el Aberri Eguna [o día de la patria vasca], todos los domingos de Pascua. La casa de Arana, Sabin Etxea en Bilbao, es hoy sede del PNV.

(1) El origen del enfrentamiento entre Isabel II y Carlos María Isidro, (ley sálica de 1830) no implica un supuesto "talante liberal" de la primera (conservadurísima) frente al segundo. Al contrario, es meramente una circunstancia histórica: si la única manera de garantizarse el trono frente a las conspiraciones apostólicas, es apoyarse en los liberales, Isabel acepta en tanto busca exclusivamente garantizar la corona en su propia rama familiar. Absolutismo, liberalismo, o socialdemocracia en el XX, "al rey" lo que le interesa siempre (más allá del marco) es "reinar". Carlos VII, que contemplará el reinado de su tía Isabel II, de Amadeo de Saboya, y de su primo Alfonso XII, contempla en la otra alternativa, la posibilidad de ver consumadas sus aspiraciones.