21 de diciembre de 2013

Solsticio de Invierno

San Agustín (354/430) comprende pronto que el origen de la navidad católica debe ser otro muy distinto al celebrado hasta entonces, de manera que no duda en exhortar a los creyentes a que a partir de ahora, no festejen el Natalis Solis Invicti “dedicado al Sol”, sino “al Creador del Sol”. Estamos en el siglo IV y la fiesta pagana del Solsticio de Invierno viene celebrándose desde hace miles de años, en honor al nacimiento del astro rey. Para todas las culturas de la tierra, el nacimiento del Sol representa el punto de inflexión que simboliza la exaltación de la vida. El hombre, con capacidad de razonar y analizar la vasta naturaleza que lo rodea, termina por descubrir el ciclo astrológico de nuestro sistema solar: el solsticio de invierno determina la regeneración del Sol, el retorno de su hegemonía. A partir de ahora, cada día será un poco más largo que el anterior.

El nacimiento del Sol supone el despertar del lento letargo invernal mientras los humanos ven renovadas sus esperanzas de supervivencia. El calor contribuye a curar enfermedades, a fertilizar la tierra, a renovar los frutos de la verde naturaleza que todo lo fecunda. El hombre pronto dejará de padecer. Todos los pueblos antiguos, adoradores del Sol, han celebrado el cambio de ciclo solar mediante grandes festejos. No es ninguna casualidad que el natalicio de los grandes dioses se sitúe precisamente en pleno solsticio: Osiris, Horus, Apolo, Mitra o Dionisos/Baco son algunos de ellos. Menos casual aún, que el natalicio de Jesús-Cristo se concretara también el 25 de diciembre, fecha en la que a finales del siglo IV, se fija el solsticio de invierno.

La antropomorfización del Sol en un dios joven, se reitera con todos los dioses antes aludidos y una docena más de ellos. La imagen del dios Sol, en forma de niño recién nacido, era expuesta y paseada para adoración pública de las masas. Las Dionisiacas griegas en honor al nacimiento del Sol dieron paso a las Saturnales romanas. Estas últimas daban comienzo el 17 de diciembre para culminar la noche del 23. Tras la ceremonia religiosa, se daban grandes festejos, se cometían todo tipo de excesos, se llegaban a abolir las clases sociales, y en los banquetes los señores romanos jugaban “a servir” a sus esclavos, que a la vez podían burlarse impunemente de aquellos (origen de la festividad de los Santos Inocentes). Desde los albores de la humanidad, la orgía hedonista de diciembre ha sido consumada por caldeos, cananeos, persas, sirios, fenicios, griegos, romanos, hindúes, orientales, precolombinos o aztecas.

El natalicio actual de Jesús no se fijará hasta el siglo IV. Hasta entonces, dicha fecha es situada por distintas fuentes entre finales de marzo y principios de abril. El mismo Lucas (Lc 2, 8-14) llegará a referirse a la bonanza de la estación primaveral, reseñando que durante el nacimiento de Jesús, coincidían en la zona los pastores que esos días "pernoctaban al raso" con su ganado. Algo imposible de ser considerado en invierno en aquel tiempo. La Iglesia, que buscará sin éxito la sustitución de la fiesta del Sol invicto por la del nacimiento de Jesús, terminará por comprender que si no puede derrotar al enemigo, es preferible unirse a él.  Entre los años 354 y 360, el Papa Liberio decidirá finalmente tomar por fecha inmutable del nacimiento de Jesús-Cristo el 25 de diciembre. La sempiterna celebración pagana por el nacimiento del niño Sol, debía alcanzar una nueva dimensión.

Bibliografía:
- Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica / Pepe Rodríguez
- Mitos y Ritos de la Navidad / Pepe Rodríguez