2 de enero de 2013

2012, el año que devoró la política


Rajoy confesó que gobernaba con la imposición de la realidad; en realidad lo que quiso decir es que los poderes económicos mandan sobre los representantes de la soberanía popular. Este principio se consagró de forma implacable en el 2008, cuando los poderes públicos se doblegaron a los poderes financieros al estallar esta crisis.

En el año 2012 Mario Monti lo ha confirmado. El todavía primer ministro italiano se ofrece a los partidos de centro para gestionar Italia como si se tratase de una sociedad anónima de la que pretende ser consejero delegado. La manifestación más clara de privatización de la política entregada a la economía.

Ahora observamos que hay decenas de miles de millones para rescatar bancos en España sin que siquiera hayan pagado por hundirlos quienes lo hicieron. Y en cambio no hay dinero para gastos sociales. Se privatiza la sanidad como una demostración de que un negocio es más adecuado que un servicio público. Pero los gestores que manifiestan su fracaso no se van. Venden la gestión.

Rajoy no puede domeñar la realidad porque los organismos económicos internacionales le dictan cada uno de los recortes que tiene que hacer para cargarlos sobre el bienestar de los ciudadanos. Y él obedece sin resistencia. Así de claro; así de sencillo.

La democracia formal se conforma con la liturgia electoral en donde los partidos no están comprometidos con sus electores en el cumplimiento de un programa electoral. Cuando se gana el poder, les basta con afirmar que la realidad impone hacer justo lo contrario de lo que prometieron. Y no pasa nada. Como los partidos, ningún partido, está dispuesto a subvertir ese orden de imposición económica, las siguientes elecciones, gane quien gane, es una repetición automática del mismo principio.

La única salida de esta trampa es una rebelión de los ciudadanos que no acepten elegir a partidos que no tienen independencia para gobernar. Es una rebelión complicada, porque ningún partido, ningún sindicato y ninguna organización de masas implantada se ofrece para encabezar esa rebelión.

La historia está llena de desbordamientos ciudadanos. Cuando la paciencia se agota explota el consenso social. La resignación es el refugio de los que aceptan la derrota. Y todavía no ha ocurrido que todos los sectores perjudicados por esta forma de entender la política se hallan dado cuenta de que el futuro todavía les pertenece si tienen el coraje de vencer su miedo y su resignación.