12 de febrero de 2013

El general Prim

“Dos años largos ha que ciño la corona y España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, y con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación, son españoles...”. 
Amadeo I Rey de España.

Avanzado el siglo XIX, España continúa siendo un lupanar de intereses espúreos. Mientras todos rivalizan por acostarse con Isabel II, (la mejor inversión), el arte del gobierno es el pretexto para ver consumadas las aspiraciones de cada cual. La calamidad borbónica, dará pie a la Revolución Gloriosa y a una nueva dinastía. El perfil de Amadeo de Saboya es el de un rey constitucional y católico pero también el de un hombre ilustrado, progresista y masón. Amadeo es un hombre apto y serio. Reúne por fin todas las condiciones y demuestra además su categoría aceptando la corona sólo si las Cortes lo aprueban por mayoría. Así se hace, pero la investidura resulta casi forzosa y muchos parecen buscar la continuidad de un escenario consumado (como tejemaneje de intereses) antes que un cambio real.

Pocos reyes más aptos que Amadeo habrá tenido España, pero al igual que sucediera con José Bonaparte, los nostálgicos, dueños del país, no aceptarán un rey de verdad, progresista y con convicciones constitucionales. Ni hablar de acatar -tras una manejable Isabel-, una jefatura de Estado seria y capaz, enemiga de amiguismos, clientelas y chanchullos. 

Como hombre fuerte de la Revolución de 1868 e impulsor de la nueva dinastía, aparece un general catalán, Juan Prim, que tras volver del exilio, se ha hecho fuerte proclamando la Revolución y una verdadera regeneración. Pero la perspectiva regeneradora  de Prim, provocará que los intereses de la España eterna y oscura se sientan amenazados. Prim será asesinado y el reinado de Amadeo, sin su hombre de confianza, nacerá entregado a la reacción.

Las conclusiones de la comisión Prim refrendan ahora la participación de Montpensier y Serrano en el magnicidio, además de considerar inverosimil la supervivencia del general durante los tres días siguientes a su atentado. El falso comunicado del gobierno respondía ya a su inhibición y a un golpe de timón que asentó sus bazas durantes esos tres días bajo la aparente legitimidad del catalán.


"-Buscaré a los asesinos de su marido"
"-Majestad, no tiene más que mirar a su alrededor..."


Conclusiones Comisión Prim de Investigación
Efe-Madrid (11/02/13)

El general Prim es "prácticamente imposible" que sobreviviera a sus heridas los tres días que oficialmente se dijo, tras el atentado de 1870, y su momia presenta señales "compatibles con una posible estrangulación a lazo", además de que fue "suplantado por sus asesinos". Así lo señala en sus conclusiones, a las que ha tenido acceso Efe, la Comisión Prim de Investigación, formada por expertos de la Universidad Camilo José Cela, que han estudiado el cuerpo embalsado del que fuera presidente del gobierno (septiembre de 1869 - diciembre de 1870).

"Hemos resuelto un crimen del siglo XIX con los avances tecnológicos del siglo XXI", ha señalado a Efe el presidente de la Comisión, Francisco Pérez Abellán, para quien la realidad de la muerte del general "está en su momia", conservada en Reus (Tarragona) perfectamente 142 años después. "El hallazgo más sorprendente e inesperado" son los surcos y marcas en el cuello de la víctima "compatibles con una posible estrangulación a lazo", señala el texto. Los surcos en el cuello "encajan así en una necesidad de los asesinos de Prim de no permitir la recuperación del mismo, del que asustaban tanto su fortaleza física como su fortuna de salir indemne".

Dichas señales han sido estudiadas "hasta descartar artefactos postmorten capaces de producirlas y procedimientos de embalsamamiento", aunque seguirá la investigación hasta despejar la última duda". El general, cuyo coche de caballos sufrió una emboscada el 27 de diciembre de 1870 en la madrileña calle del Turco, recibió heridas de bala que, "contrariamente a lo que se ha aceptado hasta ahora, fueron de gravedad" y los expertos consideran que "es prácticamente imposible que se produjera la supervivencia de los tres días oficiales".

Se deja así en evidencia "el falso comunicado del Gobierno de la época, que hablaba de heridas leves y, aunque no alcanzaron ningún órgano vital", los impactos del hombro izquierdo, como destaca el sumario de la época, resultarían "mortal ut plurimum" (mortal de necesidad). Esas lesiones causaron que el general no pudiera caminar normalmente, ni tener un habla "normalizada y fluida" y sus brazos quedaron inútiles.

El informe destaca que Prim fue "suplantado por sus asesinos, quienes, deliberadamente faltaron a la verdad en un discurso a la nación sobre la gravedad de sus heridas y engañaron al rey Amadeo I a su llegada al puerto de Cartagena".Al rey lo fue a recoger, en nombre de Prim, "aunque este no lo pudo ordenar", uno de los que más habían combatido su designación, el almirante Juan Bautista Topete, partidario del duque de Orleans para el trono. "El nuevo rey quedaba así en manos de sus peores enemigos".

Sobre los posibles autores intelectuales del magnicidio, los hallazgos y aportaciones de la Comisión "están en la línea de prestigiosos autores" que señalan a Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y al general Francisco Serrano. Además, el informe recuerda que el Promotor Fiscal, Joaquín Vellando, se atrevió a proponer el procesamiento de Antonio de Orleans, "uno de los hombres más ricos y poderosos del momento, candidato al trono de España y presunto autor intelectual y financiero de los atentados contra Prim".

Los asesinos "se sentían amenazados con el cambio de dinastía que había procurado Prim" pues la llegada del rey Amadeo I "les haría perder su posición de privilegio". Las conclusiones criminológicas indica que antes del atentado, el ministro de Gobernación Práxedes Mateo Sagasta, y el gobernador de Madrid, Ignacio Rojo Arias, "conocedores" de que habían intentado matarlo dos veces y que se preparaba "de forma inminente un tercer atentado (...) se inhibieron del asunto sin tomar medida alguna de protección".

Probablemente, el de Prim sea el "crimen más caro de la historia" pues "fueron contratados prácticamente todos los asesinos a sueldo disponibles en España en aquel tiempo, a los que se les ofrecía un cantidad diaria de diez pesetas, un premio de cinco mil duros y la garantía de seguridad de permitirles escapar". La Comisión encontró la lista original con los doce presuntos asesinos en dicho sumario, que "desde el principio "apunta hacia los poderosos personajes que presuntamente tramaron la conspiración y ordenaron el magnicidio". Aunque "ya para siempre serán presuntos puesto que nunca llegará a celebrarse el juicio", finaliza.