2 de febrero de 2013

El umbral de lo espontáneo

Mientras Francia instauraba la guillotina, en España su aristocracia implantaba la Lotería. Al igual que el esclavo o el gladiador, el español, ignorante y servil, disfrutaría de una oportunidad para cambiar su vida siempre y cuando se produjera el milagro y resultase agraciado por Dios. Perduró así una tipología aristocrática e intocable de la clase dirigente española, que además de saberse impune, desarrolló todo un sentido patrimonial del Estado, su Estado. Jamás sintieron pasión alguna por transformarlo porque éste, en el fondo, nunca fue otra cosa que el instrumento para garantizar sus propias aspiraciones.

Pero así como el Estado antiguo y feudal servía como órgano de explotación de una sociedad esclava y súbdita, el moderno Estado representativo y social del siglo XX, una vez entregada su soberanía al fundamentalismo Capital, se configura ya como el instrumento ideal del neoliberalismo para explotar a la sociedad. ¿Qué es la Globalización sino la ofensiva internacionalista de las oligarquías, sino la revolución de una plutocracia que juega a los médicos con sus Estados?

La cuestión fundamental de toda Revolución, incluso la aristocrática, descansa siempre en qué clase social controla el poder. ¿Qué "democracia" se garantiza hoy sino aquella que propicia el bienestar de una minoría? El sonrojante bipartidismo funeral, aséptico a la población, nada ofrece salvo una versión insoportable de la sociedad. Faltan héroes políticos y sobra retórica. La libertad de los españoles, subyugada por un neoliberalismo que ha sido sustentado por sus dos principales partidos, se resume en escoger entre la desfachatez de unos o la impostura de los otros.

El pasado mes de diciembre la ya tradicional jornada de puertas abiertas del Congreso fue suspendida por el Gobierno, temeroso de la espontánea reacción de la sociedad. La misma semana que las Cortes cerraban sus puertas al pueblo que representan, la Comunidad de Madrid creaba los Bronces, un exclusivo cuerpo policial de elite compuesto por 380 miembros, cuyo inquietante lema es "asumimos la custodia y reestablecemos el orden". El siniestro cuerpo nace con un único propósito: extremar las actuaciones antidisturbios frente a una ciudadanía indignada que no entiende por qué está siendo violada y saqueada; los Bronces nacen para acallar el clamor de la sociedad, para reprimir el elemento espontáneo, para intentar contener el estallido social...