25 de marzo de 2013

La virtud, en el término medio

(Aristóteles)

En el siglo XVI, uno de los libros que continúa prohibido por la Iglesia es la "Etica a Nicómaco". En él, Aristóteles, como por regla general toda filosofía, no proclama respuestas. Simplemente cultiva la reflexión.

"Está en la naturaleza (...) el destruirse por exceso o por defecto (...). La moderación y la virilidad se destruyen por exceso y por defecto, pero se conservan en su término medio (...). En ello radica la buena educación. Es la virtud un modo de ser selectivo, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente. En el dominio de uno mismo, el término medio es la moderación, y el exceso, la intemperancia. La virtud se halla el término medio".

Pero el dominio de uno mismo se demuestra de igual modo, en la reflexión del hombre incluso respecto a sus dogmas o verdades indiscutidas. Todo un desafío intolerable:

"¿Deliberamos sobre todas las cosas y todo es objeto de deliberación, o sobre algunas cosas no es posible deliberar? Quizá deba llamarse objeto de deliberación, no aquello sobre lo que podría deliberar un necio o un loco, sino aquello sobre lo que deliberaría un hombre de sano juicio. En efecto, nadie delibera sobre lo eterno (...) pues el que delibera, parece que investiga y analiza...".

Para Aristóteles (autor de las cuestiones que suscita un Dios ontológico) no todas las cosas se pueden demostrar. Es así como la voluntad del hombre tiene por objeto un fin; unos piensan que su objeto es el bien (embrión materialista) y otros, que es el bien aparente (embrión idealista).

Tras conquistar y destruir años antes Estagira (ciudad natal de Aristóteles), Filipo, el gran rey macedonio, ordenará su reconstrucción en agradecimiento al maestro de su hijo Alejandro. Aristóteles convertirá a su discípulo, en el conquistador más grande de todos los tiempos.

  • Ética Nicomáquea / Aristóteles