4 de marzo de 2013

Las lecturas de Fernández Díaz

Las dos obras principales de San Agustín (354-430), son las Confesiones y La ciudad de Dios. En esta última el de Hipona distingue entre la ciudad celeste y la ciudad terrena. Según San Agustín, la ciudad celeste se caracteriza por el amor de los seres humanos a Dios, mientras que la ciudad terrena se caracteriza por el amor egoísta de los seres humanos a sí mismos. Pero las dos ciudades no están una aquí y otra allá. Ambas existen mezcladas en este mundo, como el trigo y la cizaña. 

Por esta razón, los creyentes han de hacerse presentes con su fe en las instituciones cívicas. Para San Agustín, el hombre comprometido con Dios ha de trabajar por imponer su Verdad en la ciudad terrena. Jorge Fernández Díaz, como cualquier otro miembro del Opus Dei, ha leído a San Agustín y es de la misma opinión. La sociedad ha de responder a la voluntad de su Creador o cuando menos, a la de sus intérpretes. Fernández Díaz viene de declarar que "los homosexuales no garantizan la pervivencia de la especie humana". Es una declaración de calado, sin duda digna de un ministro español. El Dios de Fernández Díaz nunca piensa en banqueros, mercaderes o fariseos; sólo piensa en gays. La pervivencia de ministros como él en la península está más que asegurada.