21 de octubre de 2011

La leyenda de Jaun de Alzate

(Baroja)

Soy el dios Thor, el más fuerte de los dioses. Salido de Escandinavia, he llegado a reinar hasta en los Pirineos, donde los vascos me rendían culto al mismo tiempo que a sus dioses locales. Me llamaban Urtzi: el firmamento, la fuente del cielo, el solsticio del año, el trueno. He oído hablar de un Aitor, padre de los euscaldunas, y ese Aitor es también mi antepasado. Me agradaba ver mi reino extendido a las latitudes meridionales, a estos Pirineos, levantados, según la tradición, por el fuego.

He enseñado a los hombres el culto del heroísmo y del valor, he luchado con los gigantes y con la muerte, y si no los he vencido, ha sido por arte de encantamiento. He defendido al campesino y al forjador, y a todos los creadores y trabajadores de la Tierra. Ahora los hombres me abandonan. El culto semítico de Jehová penetra por todas partes, y tengo que retirarme. ¿No me queréis ingratos? Me iré con mis truenos y mis rayos y mis doce estrellas, me iré con mi martillo y mis guantes de hierro y el caldero en la cabeza. ¿No os gustan mis ojos torvos y mi barba roja? ¿No queréis nada con mis chivos? Preferís los profetas judíos de pelo negro y rizado como figuras de escaparate de peluquería? Está bien, me iré a mi reino aéreo. Ya no lucharé con la gran serpiente, el monstruo enemigo de los dioses y de los hombres, a quien vosotros los vascos llamábais Leheren Suguia. Yo no puedo mendigar. ¿No me queréis? Me iré, me embarcaré y desapareceré en los mares polares en donde reina el sol de media noche.

Las brujas

Somos las brujas vascónicas perseguidas por los inquisidores españoles, quemadas por los magistrados de Lancre y de Espaignet. Hacemos pócimas y ungüentos, bebedizos para el amor y para el odio. Tenemos grandes astucias para engañar a los hombres; sabemos meternos en las lanas de un colchón, convertirnos en ranas y en gatos, y volar por los aires sobre el palo de una escoba, diciendo: ¡Palo negro, palo blanco, llévame al sábado! Nos molestan las ramas de romero de Semana Santa, las tijeras abiertas en cruz y el agua bendita. ¿No queréis venir con nosotras, viajeros?

El buhonero y su perro

¡Los pronósticos del tiempo! ¡El elogio de los cornudos! ¡Los engaños de las mujeres! ¡La disputa del carnaval y de la cuaresma! ¡Folías para entonar al son del rabel! ¡Canciones de todas clases! ¿Quién pide otra?... Paso por este camino solitario con mi perro, como paso por otros muchos. Vendo rosarios, escapularios, medallas, historias de santos escritas en latín, historias verdes y cantares cazurros y burlones en romance.

Me detienen y me llevan a la cárcel por cualquier motivo los alcaldes, los regidores, los prebostes, los obispos, los abades... Ningún poderoso quiere mi mercancia; todos sospechan de mí y me tienen por incrédulo e impío. Yo sigo impertérrito desasnando al mundo, y mis papeles acabarán con la fuerza de mis poderosos adversarios. ¡Vamos, chucho, vamos adelante!

Chiqui

Shagit: ¡Pobre Jaun!, ¿Quién me protegerá a mi, que estoy loco, entre gente tan cuerda?
Chiqui: (A Arbeláiz) ¿Sabes lo que voy a decir?
Arbeláiz: ¿Qué?
Chiqui: Voy a decir que Jaun no ha muerto; que yo he llenado su ataud con tierra, que Jaun vive, y que no morirá; que yo lo he escondido en una cueva del monte Larrun, y que vivirá mientras el País Vasco sea esclavo de los católicos, y que cuando llegue el momento, Jaun aparecerá con el martillo de Thor a romper en pedazos el mundo de la hipocresía y del servilismo, y a implantar el culto de la libertad y de la naturaleza.
Arbeláiz: ¿Y quién te creerá?
Chiqui: Vosotros. ¿No creéis mayores absurdos? ¿No creéis los cuentos de los católicos?
Arbeláiz: Si; pero tienes tú, como los católicos, cárceles, horcas, hogueras, jueces, verdugos, soldados para convencer a las gentes?
Chiqui: Es verdad, tienes razón.

  • La leyenda de Jaun de Alzate / Pío Baroja