26 de junio de 2013

Neoliberalismo e Iglesia católica

Los principios sociales del cristianismo legitimaron la antigua esclavitud, ensalzaron la servidumbre medieval, defendieron a sangre y fuego el absolutismo, negaron secularmente la lucha de clases alentando la "caridad" y condujeron bajo palio al fascismo. Dejaron siempre, en definitiva, la "justicia" para un cielo futuro... Es el secuestro del Jesús de la historia por el Jesús de la fe. 

Paralelamente, el materialismo habla del reflejo religioso del capitalismo. Un misterio idealizado; un dogma que el "creyente social" no discute aunque dicha verdad le despoje de todo cuanto tiene: "¿queremos ser Europa o no? Sólo seremos, si somos Europa" -asociando el proyecto europeo a una visión neoliberal-. Solo seremos si aceptamos ser gestionados por un misterio; por una hidra de múltiples cabezas sin nombres ni apellidos; la Troika; la Comisión; sus ministros de economía en bloque; el FMI, el BCE... Ser Europa se convierte en un tránsito al no Ser; al Ser que se realiza renunciando a sí mismo. 

Con una democracia secuestrada por el Capital y sin partido político alguno que ofrezca una alternativa creíble, el profesor de historia y ex dirigente político Julio Anguita, reprocha a la Iglesia católica su comportamiento en esta conversación con Juan Carlos Monedero para Público. 

"... e incluso de antes. Yo me sitúo en la Contrarreforma. Además, la Contrarreforma significa que existe una verdad oficial y, ¡ay de quien no viva según esa verdad oficial! Pero claro, esa Contrarreforma también existe porque hay un estancamiento social de la propiedad: de la propiedad inalterable, de la Iglesia, de la nobleza, la propiedad de los ayuntamientos, aunque esta propiedad estaba muy al servicio de la gente, de los bienes propios. Este sistema social está anquilosado. Hoy en día los agricultores, en concreto en Andalucía, siguen igual que en el siglo XVII, agricultores-labradores que en muchos casos te llevan la finca desde el cortijo. No cambia. Es esa misma situación. No ha habido una revolución agraria.

Pero hay un momento en que parece que algo cambia. Es en la llamada Guerra de la Independencia, donde aparece un ejército, diríamos, liberal, donde se multiplican los aspectos de mayor creatividad en lucha contra el francés; pero a pesar de esa gran lucha contra el invasor, los Cien mil hijos de San Luis entran en España sin disparar un tiro y se plantan en Andújar. ¿Cómo es posible que aquella gente que se levantó en armas sea capaz ahora de aguantar que entren 100.000 franceses? La explicación está en la Iglesia. La Iglesia le estaba diciendo al guerrillero: «lucha porque la virgen lo está diciendo, porque el Señor, por tu costumbre…» y como los que vienen, vienen a poner al rey absoluto, automáticamente la Iglesia se mantiene.

Pero el hecho se repite. Vamos a ver: ¿hoy en día, alguien ha oído a la Iglesia criticar la política económica? ¿Alguien ha oído al cardenal Rouco decir cómo están viviendo millones de españoles, que hay gente que no come? ¿Alguien ha escuchado cualquier decisión, cualquier comentario de la Conferencia Episcopal, sobre la situación económica? No. Simplemente están luchando por la pervivencia de la Iglesia como institución, para que predomine su pensamiento por encima de los otros. No han aprendido nada. Porque la Iglesia no es solamente la Iglesia, la Iglesia se monta sobre un conjunto de perezosos mentales que defienden su chiringuito económico a capa y espada, y es una especie de costra que tiene una influencia a través de los mecanismos, de los tópicos y folclores con la gente del común: la Virgen del Rocío es un ejemplo. Ahí se disipan todas las diferencias sociales. La María Santísima es la importante. Y así la sociedad no se mueve.

¿Cómo intentar combatir eso o por lo menos poner a la gente delante de un espejo? No somos nuevos, esto ya se intentó: se intentó en la República, se intento muy poco, dentro de lo que se podía, con la Ilustración, esa Ilustración a la española que era más aguada que la francesa, de una minoría, que en un momento determinado prende porque hay mensaje en la izquierda que habla de un mundo nuevo: estoy hablando de Fermín Salvochea, estoy hablando de las primeras organizaciones obreras, estoy hablando de la Guerra Civil donde se da ese enfrentamiento que ya viene de todo el siglo XIX y que pone a toda la gente a luchar por una esperanza nueva defendiendo la República… Pero llega el Franquismo y llega la Transición, que es una auténtica apisonadora de vulgaridad, de pobreza intelectual. Y ahí, hay que decirlo, tienen responsabilidad, tenemos responsabilidad los partidos políticos, y entre ellos el Partido Comunista de España. Y lo dice alguien que fue su Secretario General, pero que ya en una reunión del Secretariado hicimos la conveniente autocrítica porque fuimos responsables también de lo que estaba pasando..."