18 de julio de 2013

Un esperpento llamado Franco

(...) Jordi Évole “El Follonero”, depositó tres rosas con los colores republicanos en la tumba del dictador. Falta le hacen. Porque les voy a contar algo que tal vez ustedes ignoren (...) La cuestión del posible fallecimiento del “Caudillo inmortal” se puso de manifiesto el 1 abril de 1959, día de la inauguración del Valle de los Caídos. (...) Ya entonces el ‘jefe de guerra’ deseaba que a él lo enterraran en la basílica. Sabiendo que esa era su voluntad, el arquitecto preparó los planos de una tumba en el altar mayor, próxima a la de José Antonio. El día de la inauguración de la basílica, Franco estaba recorriendo las naves con el arquitecto, y señalando el lugar escogido le dijo: “Bueno, Méndez, y en su día, yo aquí, ¿eh?” (...)

El cineasta José María Berzosa entrevistó a un monje del convento del Valle de los Caídos y a un funcionario de la cripta. El primero le declaró: “Por ahí pasaba un desagüe. No estaba previsto que por el lugar donde lo enterraron pasara un desagüe.” Así lo repitió el fraile, pero el funcionario fue aún más explícito: “Hubo que desviar el colector hacia la derecha para poner la tumba en lo que había sido su trayecto. Se hundió a un metro cincuenta, y le pusieron una baldosa de 1500 kilos encima”. 

Uno puede tener la opinión que quiera de Franco, “Caudillo” o dictador. Pero creo que nadie duda de que fue un ser humano. Así lo consideraron el general Pinochet, el rey Hussein de Jordania y el príncipe Raniero de Mónaco, los únicos jefes de Estado que asistieron a sus funerales. Por eso abogamos para que se le saque del sumidero y se le dé sepultura digna, aunque sea católica.

  • Extracto de "Un esperpento llamado Franco"  por Ramón Chao, en Le Monde Diplomatique / Diciembre 2009.