11 de agosto de 2013

España en shock

Texto: María Rodríguez Bajo y Pablo Dueñas

 “Una nueva administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese periodo, no volverá a disfrutar de ocasión igual”. Así se expresaba en sus memorias el premio Nobel de Economía Milton Friedman. “El gran divulgador de la economía de libre mercado”, como le define otro Nobel, Paul Krugman, y “el economista más influyente de la segunda mitad del siglo XX”, según la revista The Economist. El ideólogo de “la doctrina del shock” si le preguntan a Naomi Klein, periodista y autora del libro del mismo nombre (Paidós, 2007). La teoría, en palabras del propio Friedman, parece cuestión de magia. Solo una crisis, real o percibida, ofrece la coyuntura necesaria para generar un cambio profundo en una sociedad. Entonces “lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable”.

Ante un acalorado Congreso de los Diputados el entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, anuncia el 23 de agosto de 2011 algo imprevisto: una reforma en la Constitución para “garantizar la estabilidad presupuestaria” -que se concretaría en un límite de la deuda pública no superior al 0,4% del PIB para el 2020 y establece que el pago de los créditos “para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública [...] gozará de prioridad absoluta”-.

Esta reforma no contó con la celebración de un referéndum popular, quizás porque no era a la población a quien venía a satisfacer sino a los grupos financieros y al temible mercado que, por entonces, empujaba a la prima de riesgo española por encima de los 400 puntos básicos (ha llegado a estar por encima de los 600 y el universo aún no ha implosionado). Como más tarde se descubriría, Zapatero recibió a principios de dicho mes una carta firmada por Miguel Ángel Fernández Ordóñez, entonces gobernador del Banco de España, y Jean-Claude Trichet, en sus últimos meses como presidente del BCE, donde se instaba a las autoridades españolas a actuar “de manera apremiante para restablecer la confianza de la deuda soberana en los mercados capitales”, como expone el periodista Ernesto Ekaizer en su libro Indecentes, Espasa, 2012 (...).

El “no hay alternativas” es la piedra angular 
que sustenta la teoría del miedo.

Vaciar el estado

Cuando la crisis, inicialmente financiera, se transformó dos años después en una crisis de deuda soberana, los defensores de la austeridad vieron la puerta abierta para proponer sus recetas. ¿El objetivo? Para Esther Vivas, activista y coautora del libro Planeta indignado (Sequitur, 2012) está claro: “Lo que persiguen es un cambio de modelo social que empuja hacia una latinoamericanización de las sociedades europeas, en términos de desigualdad, polarización, deterioro de las condiciones laborales, degradación de los servicios públicos y participación política”. O como describió el historiador británico Tony Judt en su libro póstumo Pensar en el siglo XX (Taurus, 2012), acabar con la clase media. Y en segundo lugar, vaciar el Estado. Como explica a Números Rojos el periodista y escritor Joaquín Estefanía: “No se está privatizando el Estado: se le está utilizando para apoyar los intereses de las minorías. Es un sistema más perverso y más sofisticado que el neoliberal: si se necesita privatizar algo, se hace; si se necesitan socializar las pérdidas, estas se hacen públicas y todos las pagamos”.

La amnistía fiscal o el rescate a Bankia, además de la congelación de salarios o la eliminación de la paga extra de los trabajadores públicos, son métodos de socializar las pérdidas. Pero todavía hay otras formas de vaciar el Estado, a través de las subcontratas por ejemplo y en la externalización de “servicios no esenciales” que, irónicamente, resultan más baratos cuando son realizados por la Administración Pública que por una empresa privada, el gobierno de Rajoy se lleva un cum laude (...)

Al valorar la pérdida de poder en la toma de decisiones de los políticos, Joaquín Estefanía resulta explícito: “Si no hay margen para la política monetaria (cedida al Banco Central Europeo) ni para la política fiscal (cedida a la troika), la única discusión nacional es en qué se emplea el dinero público, definido a través de los Presupuestos Generales del Estado: si en educación y sanidad o en el ejército y en subvenciones empresariales”. Y el actual gobierno ha optado por lo segundo. Sanidad y educación son las grandes vapuleadas de las últimas reformas del gobierno del PP (...)

Puerta giratoria

Se denomina así al fenómeno de traspaso de personas que han ostentado un alto cargo entre la empresa pública y la privada. Si en un edificio dicha puerta tiene la función de evitar que ‘se escape el gato’, en el caso que nos trae ‘el gato’ sería, según explica Naomi Klein, tanto el poder y capacidad de influencia como la información privilegiada que se obtienen en las altas esferas de lo público y privado para después aprovecharlo en beneficio propio y de los allegados.

En España ha sido más habitual el salto desde el Gobierno a las grandes compañías. La exministra de Economía Elena Salgado no encontró ningún conflicto de intereses entre su antiguo puesto y su flamante cargo en Endesa Chile. Reconocidas son ya las bien retribuidas asesorías que los expresidentes Aznar y González prestan a Endesa (200.000 euros anuales) y Gas Natural (mínimo de 126.000 euros por año), respectivamente. Según apuntan los autores de Lo que España necesita (Deusto, 2012), “en 2010 un 10% de los consejeros de las 35 empresas más grandes de la bolsa española eran expolíticos”.

En este mismo libro –escrito a seis manos por el economista Vicenç Navarro, el diputado de IU Alberto Garzón y el catedrático de Economía Juan Torres López– se describe el “desembarco muy extendido y significativo de representantes del capital privado en la función pública” en el actual gobierno de Rajoy y evidencian el grave choque de intereses que esto comporta. El caso de Pedro Morenés, actual ministro de Defensa, es paradigmático. En varias ocasiones estuvo vinculado a los ministerios de Defensa, Interior o Ciencia y Tecnología, durante las cuales Morenés impulsó el mayor gasto militar de los presupuestos españoles (30.000 millones de euros a pagar hasta el 2025). Tras abandonar la función pública fue nombrado en 2005 consejero de Instalaza S.A., empresa armamentística que contaba con las tropas fieles al exlíder libio Gadafi y el gobierno español entre sus clientes.

En 2011 el mismo Morenés reclamó al gobierno de Zapatero una compensación por valor de 40 millones de euros en concepto de “daño emergente y lucro cesante” después de que España firmara un tratado internacional en 2008 que prohibía el uso de las bombas de racimo que la empresa de Morenés fabricaba. Para los autores de Lo que España necesita resulta sospechoso que justo “en un periodo de recortes en el que la empresa privada está más interesada que nunca en que se mantenga un nivel de gastos” sea precisamente una figura tan vinculada al sector armamentístico quien se encargue ahora del Ministerio de Defensa. Dicho y hecho. En septiembre del año pasado el Gobierno aprobó un crédito extraordinario de 1.783 millones de euros para que Defensa pagase deudas pendientes por la compra de armamento.

Capitalismo y libertad

Paul Krugman cree que “la defensa de la austeridad no tiene en realidad nada que ver con los déficits: tiene que ver con usar el pánico al déficit como excusa para desmantelar programas sociales”. Para Naomi Klein: “el ideal del libre mercado no es crear una economía perfecta y armoniosa, sino convertir a los que ya eran ricos en superricos y a la clase trabajadora organizada en pobres de usar y tirar” (...) Cada vez resulta más patente que capitalismo y libertad no van indiscutiblemente de la mano. El sistema se desgasta y, en palabras de Klein: “Conforme la gente se desprende del miedo son muchos los que exigen más democracia y más control sobre los mercados”. Esta es la mayor de las amenazas.

La amenaza del miedo pierde fuerza cuando el ciudadano, que debe sentir temor y doblegarse a ‘lo inevitable’, desmonta la mentira. El deseo de igualdad no ha muerto, aquí o en Sri Lanka la mayoría de la gente quiere lo mismo: vivir bien y que sus hijos puedan vivir aún mejor. Ese es el triunfo de un sistema y no, como resalta Estefanía, que un gobierno logre bajar la prima de riesgo.

“Hay una exacerbación del mensaje de ‘la única política posible”, cuenta Estefanía a Números Rojos. “Esto conduce al desconcierto, al miedo y la parálisis. El asunto está en la dosis. La historia está llena de ejemplos de cuando el miedo da lugar al cabreo, y el cabreo a la concienciación y a la movilización”. Según plantea el filósofo esloveno Slavoj Zizek: “Se trata de ser capaces de formular demandas que, pareciendo de sentido común a buena parte de la población, trastornen la ideología hegemónica, es decir, que pese a ser factibles y legítimas, en la práctica sean imposibles de satisfacer”. Nacionalizar la banca, modificar la ley electoral, desarrollar plenamente la Ley de Dependencia son alternativas que plantan cara al discurso del miedo y lo inevitable. Sí, se puede.

Fuente: Números Rojos