12 de septiembre de 2013

A relaxin' cup en el estercolero

Hace poco más de un año, y en virtud de la reforma constitucional del 135.3 CE, los dos grandes partidos acordaban plegarse al juego de nuestros sufridos acreedores, Banca y Grandes Fondos, vinculando la financiación del país al pago prioritario de su deuda por encima de cualquier otra necesidad de la sociedad. Desde entonces, toda recaudación del Estado, central, autonómica o local, queda automáticamente destinada a abonar unos intereses de usura sobre un principal imposible de liquidar. Sólo una vez satisfechos dichos intereses, con lo que sobra, el resto de partidas revierten a la sociedad por estricto orden de prioridad de nuestros gobernantes, a saber: ejército, compra de armas o seguir saneando a los amigos. Por supuesto de salud, educación o ciudadanía ni hablamos.

Si quedaba alguna duda, la marroquí Nawal el Moutawakil, integrante de la comisión ejecutiva del COI no ha podido ser más clara: “España debe invertir su dinero en asuntos más importantes que unos JJ.OO”. El tirón de orejas deja entrever la distancia sideral que existe entre lo que algunos creen ser o significar como país para los demás y lo que somos en realidad. ¿Alguien es capaz de imaginar que los JJ.OO fueran hoy concedidos a Grecia? ¿Es que alguien estima que la consideración que merece España a ojos de un finlandés, un holandés o un alemán, es diferente a la de los helenos? Les traemos sin cuidado, y lo que es peor, nuestros gobernantes parecen seguir sin comprender cuál es nuestro papel en el prostíbulo neoliberal.

Más allá de un proyecto nada convincente, la candidatura de Madrid no ha recibido los Juegos porque sencillamente, éstos no pueden realizarse en un país rescatado en lo financiero. La metástasis de corrupción existente en España, su ignominiosa postura sobre el dopaje o la nula credibilidad de sus políticos termina por aclarar el panorama, pero por encima de todo, y más dramático aún, la candidatura de Madrid es rechazada porque en la escena internacional quizá no albergan dudas respecto a que el destino de España en 2020, sólo puede ser el de un guiñapo más del laboratorio mengueliano neoliberal. No es que nos nieguen los Juegos; nos dicen además que nos apartemos, que nos retiremos de la foto. Como el indigente, molestamos.