21 de septiembre de 2013

Zugarramurdi: la ruta de las brujas

Tras graduarse en Salamanca, Alonso de Salazar y Frías toma los hábitos y asciende en la jerarquía eclesiástica hasta ser nombrado tercer miembro del Santo Tribunal de la Inquisición de Logroño. El licenciado Salazar es el escogido para purificar las fecundas y brumosas tierras del valle de Xareta y la cuenca del río Baztán-Bidasoa. Debe interrogar a 300 brujos confesos y localizar a otros 1300 sospechosos. Lleva consigo el edicto de gracia por el que puede perdonar o reconciliar a todo aquel que se arrepienta de sus delitos brujeriles. A todos se les acusa de renegar de Dios, de adorar al maligno en akelarres y de hacer ungüentos con sapos, sangre y corazones de niños. El tormento contribuye a la confesión.

Los días 6 y 7 de noviembre de 1610, 30.000 espectadores presenciaron un sonado Auto de Fe en Logroño. Once personas fueron purificadas por las hogueras de la Iglesia, siendo ajusticiadas otras 42. Todas acusadas de ejercer la brujería y originarias de las montañas navarras. 31 de ellas procedían de Zugarramurdi y sus mágicas cuevas.

En enero de 1612, Salazar compiló sus 11.000 legajos. La caza de brujas dejó además como resultado 1.384 niños absueltos, 290 personas reconciliadas, 41 "absueltas ad cautelam", 81 revocantes, 6 relapsos y más de 3.000 denuncias de terceras personas.

Fuente: Ainara Abete, La ruta de las brujas.