18 de octubre de 2013

Redimidos

Un 13 de octubre de 1931 Manuel Azaña anunciaba en el Parlamento aquello de "España ha dejado de ser católica" (1). En su disertación, Azaña proclamaba la laicidad del Estado derivada de la nueva Constitución republicana, pero sobre todo, buscaba incidir en la especificidad católica del Estado en tanto inevitable vertebración socio-política del país. Azaña perseguía la instauración de un racionalismo político, la proclamación de una razón comprometida, material, frente al ideal redentor posterior, la definitiva emancipación de un pensamiento adulterado per se.

En entrevista para TV3, el economista y ex banquero Manuel Puerto Ducet (2), aludía a unas relevantes conclusiones respecto a los Piigs europeos. Portugal, Italia, Grecia, España e Irlanda comparten dos características en común: estos cinco países están sujetos al perdón de los pecados [confesión católica] y a la penitencia momentánea, [como impostura que garantice el perdón]. A su vez, todos ellos proceden de distintos regímenes autocráticos surgidos en el siglo XX desde una base fascista, e hicieron de la desmemoria histórica, una virtud.


Si para los cristianos reformistas o protestantes del resto de Europa, la fe en sí misma conlleva la exigencia de una correspondencia entre sus íntimas creencias y su comportamiento, entre su conciencia y sus actos en vida, a los cristianos no reformistas [los católicos sujetos a Roma], les basta la confesión de un sacerdote o las obras encaminadas a la indulgencia, para redimirse de todos sus pecados (3). En palabras de Fernando de Orbaneja, para la Iglesia católica, [y desde luego, para la sociología política existente en Portugal, en España, en Italia, en Grecia o en Irlanda], el pecado original es la corrupción de la humanidad. Como consecuencia de esta falta, todos los seres humanos salvo María, son pecadores por el mero hecho de nacer (4).

Asumido este presupuesto, poco más queda por decir. "Puesto que todos somos pecadores desde que nacemos, todos son equiparables a mí, todos son como yo". Es, exactamente, lo único que les pasa por la cabeza. Al grito de "tonto el último" no albergan duda alguna de cuál debe ser su filosofía de vida. Como sentenciara un conocido ex ministro, "yo, en política, estoy para forrarme". El arrepentimiento en falso y la confesión les esperan para continuar sirviendo a la sociedad.

1.- Azaña; sus discursos imprescindibles / Isabelo Herreros
2.- Manuel Puerto Ducet / Singulars / TV3
3.- La Justificación [salvación] "por la fe o por las obras" es una de las "herejías" que provoca el cisma reformista
4.- La Iglesia no posee la verdad / Fernando de Orbaneja