4 de noviembre de 2013

"Azar y necesidad" desde una teología racionalista

Azar o necesidad, indeterminación o determinación, materialismo o idealismo... Para el teólogo Hans Küng, igual que la carga de la prueba no puede ofrecer una respuesta final al Vitalismo, la ética debe poder orientarse también en base a las necesidades del género humano. ¿Pero acaso la auto-organización de la materia o la autorregulación de la evolución resultan en sí conceptos satisfactorios para toda persona? Cabe preguntarse si es posible el desarrollo del materialismo filosófico en una humanidad que por regla general adolece de las condiciones más idóneas para cultivar su plena realización. En tanto posibilidad, el pensamiento del hombre es el pensamiento edificado por cada voluntad individual, por cada circunstancia personal. Aristóteles no podrá dar mejor respuesta: "el hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe". En un mundo invertido, la intolerancia de la teología se transforma en agresión materialistaEn el siguiente extracto, Hans Küng busca la conciliación con el célebre clásico de Jacques Monod, "El azar y la necesidad", si bien no es menos cierto que todo conflicto en este sentido, quedaría resuelto desde una comprensión individual y privada de la fe.

"Hace décadas se desató una fuerte controversia entre el Vitalismo, -que para explicar la vida, asume la existencia de un elemento no biológico, una fuerza vital creadora, si, una fuerza primigenia que dirige las fuerzas biológicas-, y el mecanicismo materialista, que intenta explicar la vida según leyes puramente mecánicas.

Ya el filósofo atomista griego Demócrito [470-380 a.c] escribió: “todo lo que existe en el mundo es fruto del azar y la necesidad”. Con este lema encabezó también su conocido libro "El azar y la necesidad" el biólogo molecular francés Jacques Monod, para quien todo lo existente es fruto “del puro azar, nada más que el azar, la absoluta y ciega libertad, como cimiento del maravilloso edificio de la evolución”. Polemiza Monod, contra el supuesto de una fuerza o energía evolutiva dada de antemano, capaz de explicar el ascenso de la evolución y de llevar hasta un punto Omega, dejando entrever así la acción de un Dios Creador. Esta fuerza o energía de los vitalistas, derivada de la fe en el progreso del siglo XIX, representa según Monod, una proyección animista, injustificada desde el punto de vista de la ciencia. Monod también polemiza contra una biología meramente materialista que atribuye a la materia eterna una fuerza desconocida y no cognoscible. También esto constituye a juicio de Monod, una proyección animista y un espejismo antropocéntrico incompatible con la ciencia.

La aparición de la vida, o sea, la evolución de la macro-molécula al micro-organismo, sólo es un paso más entre muchos otros, como, por ejemplo, los que llevan de la partícula al átomo, de éste a la molécula, o también los que conducen del organismo pluricelular a la asociación de órganos y, por último al sistema nervioso central del ser humano. Por qué razón deberíamos considerar justo este tránsito de la molécula al organismo unicelular con mayor veneración que cualquiera de los demás? La biología molecular ha puesto fin al plurisecular misticismo de la creación. (...) Pero la ética y el conocimiento no pueden yuxtaponerse sin más relación. Igual que la ciencia no puede ofrecer una prueba terminante respecto a la cuestión de Dios, tampoco ésta postula que el ser humano no necesite la fe en Dios. La ética, por mucho que deba estar en armonía con la objetividad y el conocimiento, ha de orientarse también por las necesidades de la humanidad, más que por el comportamiento de la materia".

  • El principio de todas las cosas / Hans Küng