6 de noviembre de 2013

El lince ibérico

El bienestar de sus compatriotas nutre los márgenes de rentabilidad del lince ibérico. Neoliberal, reformista..., es el primero en reírse de los calificativos que le adjudican. Incluso sin fe suele precisar de religión porque lo suyo, más que una garantía hacia la trascendencia, busca ser un aval de su reputación. Junto a aquella, la idea de nación es su principal argucia para asegurar sus intereses pero quien le conoce, sabe que no siente suyo ni el país que habita. Le gustan las banderas, manejar la confianza que le brinda tanto patriotismo. Cuando grita sus "Vivas" lo único que en realidad piensa es "que viva la manera de hacer y entender las cosas, tal y como se han hecho hasta ahora; tal y como se siguen haciendo hoy”.

En el fondo es un misántropo, siente aversión por el hombre, por todo aquel que no pertenece al club. Sólo se relaja en privado, bajo el derecho de admisión. En la intimidad se ríe de las protestas, de las iniciativas, de las mareas. La blanca, la verde... cuánto exotismo, cuánta ligereza. Todo es retórica. ¿Que hace falta retirar la nueva ley porque se ha descubierto la jugada? Se retira sin problemas. Está acostumbrado a sondear. En breve se ensayara otra con el mismo objetivo. Sabe esperar, tiene perspectiva. Es consciente de que la desigualdad, -en palabras de Stiglitz-, “se construye día a día". Sin prisa pero sin pausa. Cuando ruja la marabunta, él ya no estará aquí.