28 de noviembre de 2013

El Ser y la Sociedad

Un concepto que distingue con nitidez la filosofía de Sartre de la de Camús, es la justificación que el primero hace de la existencia como algo abstracto, perpetuamente inacabado y en constante devenir, en la que el hombre debe ser capaz de encontrar constantemente motivos de realización o liberación, a sabiendas de sus limitaciones en sí, en tanto estímulos que valgan realmente la pena ser vividos.

Para Camús en cambio, existe un tipo de hombre para el que la existencia, incluso en las condiciones más desfavorables, -El mito de Sísifo-vale la pena ser vivida sin más motivación que la del propio esfuerzo asumido voluntariamente, incluso aunque los resultados de éste sean vanos. En caso de que este esfuerzo tuviera resultados positivos para algún fin concreto, es evidente la conclusión filosófica.

Por tanto, una diferencia sustantiva entre Sartre y Camús la encontramos en su concepción del individuo. Mientras Camús habla de un hombre que se ubica en lo social y en lo histórico, un hombre científicamente marxista, [científicamente afectado por la historicidad marxista], puede decirse que Sartre desarrolla un tipo de filosofía eminentemente individual, en la que los problemas de cada persona son suyos exclusivamente, y no afectan al “otro”. Si el problema en Sartre se encuentra en una nausea existencial del ser humano más allá de su condición social, el Sísifo de Camús refiere a una categoría política y económica del hombre.

Así, el núcleo de la filosofía sartriana es profundamente intimista. No queda claro que la esencia del hombre como Ser libre, conlleve la necesidad de hacer libre al Otro, teniendo en cuenta que esa libertad le conducirá, en el mejor de los casos, al pesimismo de una vida Inútil. Es acaso la libertad de un individuo aislado de toda problemática social, con sus necesidades satisfechas y difícilmente asimilable a sus posiciones políticas marxistas, en las que la alienación se elimina bajo el control de los medios de producción.