30 de diciembre de 2013

El capital se divierte

De todos los grupos sociales, sólo aquellos que ya se han convertido en víctimas del sistema son a la fuerza, conscientes de la necesidad de defenderse. La sociedad en su conjunto puede desear el cambio pero no se compromete, es conservadora. Más aún, reaccionaria. Sólo cuando se concretiza la amenaza, cuando tiene ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al grupo de los que ya han sido despojados de sus méritos y derechos, comienza a defender sus intereses, no ya presentes, sino futuros.

Un ejemplo de lo dicho se ha visto recientemente con los trabajadores de Canal 9. Antes de ser desalojados quisieron despedirse escenificando su particular rebelión: "Les pedimos perdón por tanto sectarismo, por haberles mentido durante todos estos años. Nunca tuvimos libertad para informarles con objetividad". El patetismo de los nuevos revolucionarios es también el del cuerpo policial que ejecuta el desalojo. Todo forma parte del mismo juego. El capitalismo no sólo ha descubierto la conveniencia de un alto desempleo para la materialización de sus aspiraciones, se divierte contemplando la actuación de sus asalariados: de un lado los antidisturbios reinstaurando el orden; de otro, las víctimas que hasta ahora aparentaban respaldarlo.

Mientras unos protestan por la pérdida de sus derechos, los otros cumplen órdenes tal y como hicieron antes los primeros. Su única preocupación es también no defraudar, resultar contundentes, convincentes a ojos de su patrón, no verse al otro lado de la trinchera, la de los movilizados.