4 de diciembre de 2013

"Ofender a España"

"Quienes son capaces de renunciar a su libertad más esencial, 
a cambio de una supuesta seguridad, no son merecedores ni de libertad, ni de seguridad".
Benjamín Franklin

Históricamente, el concepto de patriotismo es uno de los más utilizados para hacer descansar en él las aspiraciones de las clases dirigentes. Los grupos que conforman la constitución material de un país saben identificar sus intereses con los de la patria; un patrimonio abstracto e intangible que se traduce en el mejor aval para la gestión y apropiación de sus prioridades. Las consignas chovinistas, los compromisos adquiridos con el arca de la alianza patria, han conformado siempre el instrumento de estos grupos para embaucar a los pueblos, para estafarlos.

Salvo prueba en contrario, el Estado es siempre el Estado de los más poderosos. Hoy, más si cabe, el instrumento de un nuevo capitalismo que busca someter a toda una gran clase media: aquella que llegó a conquistar un bienestar que no le correspondía. En este escenario, el concepto de patria o nación sigue jugando un papel fundamental. Así como tras la bandera de la libertad de trabajo se despoja a la sociedad de sus derechos, bajo la simbología patria se diluye toda una disputa histórica tras el permanente encantamiento de una nebulosa sin definir, de verdades nunca concretadas. Sublimando el ideal se desvirtúa lo real; apelando al más allá se dejan de rendir cuentas en el más acá. No es la patria, sino el compatriota. No es la nación, sino sus ciudadanos. Invirtiendo sujeto y predicado, se invierte a la vez el grado de libertad del ciudadano, su ejercicio real.

El Gobierno, lejos de preguntarse por qué razón es desaprobado por la sociedad, descubre la urgente necesidad de nuevas leyes que preserven la seguridad nacionalLa última de ellas se  denomina "Ley para la Protección de la Seguridad Ciudadana". Su presumible entrada en vigor busca, además de reprimir, castigar las espontáneas reacciones de los más desesperados con multas de 30.000 euros por conceptos tales como "ofender a España" u oponerse a los desahucios. Explica con brillantez el ministro que "una ofensa" es "lo que ofende". Al hablar de una percepción subjetiva, queda por aclarar si alude a lo que le ofende a él, o a España, en función del humor con que ésta despierte a partir de ahora por las mañanas.

La realidad supera la ficción y como el viejo chiste, se abre la veda: "¿A que no sabe, prohibido qué?". Se trata de criminalizar la protesta, de silenciar a la sociedad, de esconderla bajo la alfombra. En tiempos de Shock todo es posible, incluso un gobierno ofendido. Buscan protegerse, saben que ni representan ni expresan la voluntad de su pueblo.