19 de diciembre de 2013

Represión en la granja

Declara Ignacio Cosidó, director general de la Policía, que "nunca en España hubo un mayor número de manifestaciones y una menor necesidad del uso de la fuerza policial". Añade que "de las más de 6.000 celebradas en 2013, sólo en 18 de ellas fue necesario el uso de la fuerza policial". Señala para terminar, que "en la sociedad española existe sentido de la responsabilidad y el respeto". No parece de la misma opinión el Gobierno, que no deja de constituir cuerpos de seguridad, adquirir nuevos equipos antidisturbios, o mutilar a la ciudadanía sus derechos de manifestación.

Tras facultar a la Seguridad Privada con las atribuciones que por ley orgánica sólo pueden corresponder a la Policía, y otorgar a ésta una discrecionalidad propia de los regímenes dictatoriales, la última entrega de este capítulo, es la compra de un camión armado con cañones de agua a presión para, según dicta la orden, "hacer frente a la actual dinámica social". Por lo visto, en opinión de nuestros representantes, y al contrario de lo que afirma el director general de la Policía, la sociedad española, -aquella que demuestra una y otra vez reivindicar con civismo e imaginación la laminación de cada derecho que le es arrebatado-, es al parecer, una sociedad violenta.

Pero las sociedades aman la paz, desean la paz. Más aún, demuestran con creces que de existir alguna violencia, ésta no es otra que la que se deriva del actual colapso democrático y la conculcación de sus derechos. Ocurre que secuestrada toda alternativa, el fundamentalismo de nuevo cuño ha de derivar necesariamente hacia la represión. Una vez más, sólo el grupo social que administra la vana ilusión del resto, es consciente de cómo terminará el juego. Por eso se arman hasta los dientes. No por lo que ya han hecho, sino por lo que están aún por hacer. Son muy conscientes de a quién sirven y de qué lado están.